Imagen: Arturo Chomyszyn

Menos del 17% de los miembros de las Fuerzas Armadas son mujeres

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A pesar de que en la última década aumentó la participación, aún hay muy pocas militares en la Fuerza Aérea, el Ejército y la Armada. En los puestos de liderazgo, como ocurre en otros ámbitos, la situación empeora.

Tras meses de negociación, el Congreso nacional aprobó a fines de 2017 la ley de paridad de género para un Parlamento que ese año contaba con un 39% de mujeres en la Cámara de Diputados y un 42% en el Senado. Pero, si bien en el Congreso la participación de mujeres es menor al 50%, este porcentaje cae mucho más en una institución como las Fuerzas Armadas. En 2017, según los últimos datos oficiales que obtuvo Chequeado a través de un pedido de acceso a la información, menos de un 17% de sus miembros eran mujeres.

Si se sube en los escalafones, como también ocurre en otros ámbitos estatales y más en los privados, existe aún una más baja participación de mujeres en los grados superiores, especialmente en el grupo comando (es decir, la línea de combate más ligada al manejo de armas y a la lucha) que tiene cada fuerza: la Fuerza Aérea, el Ejército y la Armada.

En la Fuerza Aérea, de acuerdo con la información oficial (ver tabla uno, tabla dos y tabla tres), no hubo nunca ninguna mujer brigadier o brigadier mayor o general, las tres posiciones más altas de la jerarquía. En el Ejército hay solo una mujer entre los tres rangos más altos: la generala María Pansa, quien fue ascendida en 2015 durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y se convirtió en la primera mujer en ascender a este grado. El mismo año se ordenó el ascenso de María Inés Uriarte, la primera mujer contraalmirante en la Armada y la única que actualmente se encuentra entre los tres rangos más altos.

En los últimos años hubo un aumento de la cantidad de mujeres en las tres fuerzas. En 2017, un 16,8% de las Fuerzas Armadas era mujer, mientras que en 2006 ese porcentaje era de 7,6 por ciento. En el Ejército la proporción pasó de 1.531 mujeres en 2006 (5,6%) a 3.352 mujeres en 2017 (11,8%). Lo mismo ocurrió en la Fuerza Aérea, donde había 1.933 mujeres (13,6%) en 2006 y creció a 3.482 este año, un 25% del total de la fuerza.

“La incorporación de mujeres en la arena militar ha sido pensada, al igual que en muchas profesiones, como posiciones de apoyo, más ligado a las tareas de cuidado y no como posiciones de liderazgo y mando. Además, las posiciones de combate tienen dentro de la estructura militar posiciones de liderazgo, a las que en la práctica las mujeres no acceden”, explicó a Chequeado Eliana Arduino, ex directora nacional de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa entre 2006 y 2010, donde tuvo a cargo el desarrollo de la política sectorial de género para las Fuerzas Armadas.

Las tres ramas de las Fuerzas Armadas están divididas en tres categorías: oficiales, suboficiales y tropa. A su vez, estas están separadas entre el grupo de comando y el grupo profesional, compuesto por médicos, enfermeros, mecánicos, entre otras ocupaciones. Cada grupo tiene diferentes carreras en la que va ascendiendo con el paso del tiempo. Por ejemplo, en el grupo comando del Ejército está el cuerpo de Caballería, el de Infantería y el de Artillería, entre otros.

Las mujeres fueron admitidas en el cuerpo profesional en los años 80, y pudieron acceder así a cargos de suboficiales y oficiales dentro de ese cuerpo. Fue en los ‘90 cuando se comenzó a admitir a mujeres en el cuerpo comando, y pudieron acceder en primer lugar a los puestos de suboficiales y recién en los años 2000 a la carrera de oficiales en la línea de combate.

Es en los grupos comando en donde hay una menor cantidad de mujeres en cargos de liderazgo. En el cuerpo comando de la Armada hay una mujer oficial por cada 20 hombres mientras que en el Ejército hay una mujer cada 25 oficiales.

“Más allá de la apertura de la posibilidad del ingreso, después hay que estudiar la carrera militar para poder ir ascendiendo de rango”, explicó Arduino, la cual “está atravesada por exigencias, entre ellas un cierto tiempo que se debe dejar pasar entre grado y grado, por lo cual desde una incorporación a un ascenso pueden pasar diez años. Recién a partir de ahora puede haber mujeres llegando a los cargos más altos”, agregó.

A pesar de que -como se dijo- la participación de las mujeres es muy inferior a la de los hombres, hay una tendencia creciente. Gran parte de estos cambios se debió a la introducción de políticas de género en el Ministerio de Defensa.

En 2006, durante la gestión de la ministra Nilda Garré, mediante las resoluciones 849 y 1435 se cambió la regla que no permitía los embarazos ni el reconocimiento de hijos a las y los cadetes al momento de su ingreso y durante su período de estudio. Un año después se formalizó un Observatorio de Género dentro de las Fuerzas y se creó el Consejo de Políticas de Género, un equipo formado por militares, académicas especializadas en género, representantes de organismos gubernamentales y ONGs.

La asociación Abuelas de Plaza de Mayo denunció en un comunicado que en diciembre último la cartera que lidera Oscar Aguad despidió a diez empleados de las áreas de archivos y políticas de género. Este último área “lleva a cabo la tramitación de denuncias de vulneración de derechos humanos en razón de género y realiza capacitaciones, entre otras tareas, dentro de las Fuerzas Armadas” y hoy está a cargo de Carolina Urtea.

“No debemos olvidar que, más allá de los cambios a nivel normativo internacionales y nacionales, también debe existir una agenda de política pública que permita la eliminación de las barreras en el acceso a esos cargos, porque el mayor obstáculo se da en la práctica”, concluyó a Chequeado la abogada Sabrina Vecchioni, maestranda en Género de Flacso.

 

Esta nota contó con la colaboración de Josefina Díaz.

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1 Respuesta

  1. vicente dice:

    ¿vale la pena, arriesgar la vida y la reputación, por el sueldo que pagan las ffaa?

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