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Qué son las maras y por qué no llegaron a la Argentina

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Aunque funcionarios de Cambiemos señalaron que una de las pandillas más violentas de Centroamérica llegó al país, hay datos que los contradicen.

El ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, señaló la semana última que se había detenido a una banda de narcotráficantes “vinculados al narcotráfico internacional, a un cartel peruano y a maras, que ya habían sido denunciados en 2006 en la Argentina pero que recién ahora se comprueban de esta magnitud”. Se trata de la captura de Richard Castillo Salazar, apodado como el “Mocosón”, quien según algunos sitios declaró ser parte de la mara Salvatrucha.

A su vez, el secretario de Seguridad Interior de la Nación, Gerardo Milman, difundió en Twitter una serie de consejos para identificar a los miembros de las maras (por ej, tener tatuajes y ”cortes de pelo extravagantes”), a partir de un supuesto trabajo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

A raíz de esto, Chequeado le encargó este artículo a Carlos Martínez, periodista de El Faro, de El Salvador, el medio que más investigó y conoce de maras en el mundo.

¿Qué son las maras? ¿Cómo se dividen y por qué?

En realidad el término “mara” -cuyo uso se ha extendido como sinónimo de “pandilla centroamericana”- es una palabra de uso coloquial en Centroamérica y particularmente en El Salvador: significa “grupo de personas o de amigos”. Por eso, cuando los migrantes salvadoreños fundaron su propia pandilla en Los Ángeles, California, a inicios de los ‘80, la bautizaron como “Mara Salvatrucha”, que vendría siendo algo como “el grupo de salvadoreños”. Dentro del universo de pandillas latinas con origen californiano (unas 700), la Mara Salvatrucha es la única que se autodenomina “mara”.

Durante la década del 90, los presidentes George Bush y Bill Clinton emprendieron una serie de deportaciones masivas de migrantes centroamericanos acusados de delinquir en los Estados Unidos. En esas oleadas de deportados llegaron a Centroamérica los primeros pandilleros angelinos, particularmente los miembros de la Mara Salvatrucha y de otra antigua pandilla que fue la primera en admitir a centroamericanos en sus filas: la Eigtheen Street Gang o Barrio 18. Ambas organizaciones encontraron una región muy fértil para prosperar: se trataba de países que recién salían de sangrientas guerras civiles que dejaron a los Estados y al tejido social en los huesos; caracterizados históricamente por una estructura social profundamente desigual.

La Mara Salvatrucha y el Barrio 18 se expandieron en Guatemala, Honduras y El Salvador en los años siguientes. Consiguieron reclutar a decenas de miles de jóvenes y adolescentes marginados a quienes ofrecieron un sentido de pertenencia, un modo de vida, una identidad y la posibilidad de probar su valía en una guerra para lo que no hacía falta creer en nada.

En la actualidad, ambas pandillas controlan gran parte del territorio de estos países a través del uso de la violencia y la intimidación y sus filas siguen nutriéndose cada día de nuevos aspirantes, en su mayoría niños de entre los 12 a los 16 años. Su poder se ha convertido para los países del Triángulo Norte de América Central en uno de los principales problemas de seguridad pública.

¿Qué características particulares tienen las maras y en qué se diferencian de otros tipos de pandillas o bandas narcos?

Ni el Barrio 18 ni la Mara Salvatrucha son cárteles de la droga. Aunque de forma recurrente algunos medios de comunicación encienden alarmas sobre la posible vinculación de las pandillas con los grandes cárteles de droga mexicanos (algunos “expertos” han llegado a relacionarlas con los grupos terroristas ISIS o Al Qaeda), no existe ningún indicio sólido -hasta la fecha- de que haya alguna relación orgánica con ninguna organización de tráfico de drogas.

En los últimos tres años, el mayor decomiso de drogas realizado contra una pandilla en El Salvador fue de menos de un kilogramo de cocaína, según datos de la Fiscalía General de la República a la que accedimos a través de un pedido de acceso a la información. Al 78% de los cerca de tres mil pandilleros que han sido procesados por posesión de droga, en el mismo período de tiempo, se les incautaron cantidades inferiores a los dos gramos. Las pandillas compran droga en pequeñas cantidades para luego sacar alguna ganancia en el narcomenudeo.

Su principal actividad económica es la extorsión. En un principio extorsionaban a pequeños comercios o a vendedores informales, pero al día de hoy este delito afecta a empresas de todos los niveles: a los autobuses del transporte público, a los distribuidores de Coca Cola, a los restaurantes y discotecas de los barrios exclusivos y a un casi total etcétera. La única estimación metódica sobre el monto total que las pandillas obtienen en concepto de extorsión fue hecha en 2012 por el investigador Raúl Hinojosa Ojeda, de la Universidad de California (UCLA). El estudio estimaba que anualmente las pandillas obtienen cerca de US$60 millones en concepto de extorsión.

Sin embargo, las pandillas no son empresas criminales eficientes: su poder estriba en ser organizaciones masivas, con una enorme capacidad de regenerar a sus miembros, pero en eso mismo es un lastre a la hora de repartir las utilidades. En El Salvador, las autoridades calculan que existen entre 60 y 70 mil pandilleros (más que los policías y los militares juntos). El mismo informe de UCLA apuntaba que la economía pandillera era de supervivencia y que, en general, un pandillero obtiene menos ganancia económica que si trabajara en un Mc Donald’s.

Aunque con el paso del tiempo la MS-13 y el Barrio 18 han sofisticado su forma de obtener recursos, invirtiendo, por ejemplo, en negocios formales como burdeles, bares o ventas de vehículos, siguen siendo organizaciones con muy poca eficiencia financiera.

¿Qué posibilidades hay de que hayan llegado las maras a la Argentina? ¿Qué tipo de vínculo existe entre Salazar, la organización Oropeza de Perú y las maras?

Es muy improbable que “las maras” hayan “llegado” a la Argentina. Es muy probable que algún miembro de alguna de estas pandillas haya llegado alguna vez o esté en este momento en ese país; lo que no significa que con ello el fenómeno tenga posibilidades de prosperar o que exista un plan para “colonizar” la Argentina.

Aunque la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 se han extendido por Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos e incluso en Milán, Italia, su expansión no responde a un plan expansivo, sino a los flujos regulares de migrantes centroamericanos a esos destinos. No existe al día de hoy ninguna célula de la pandilla en un país que no tenga una enorme presencia de migración centroamericana. Es probable que algún migrante peruano en los Estados Unidos ingresara a la MS-13 y que, a su retorno a Perú, intentara crear su propia célula de la pandilla. Si es así, lo más probable es que esa estructura estuviera completamente desvinculada de sus pares centroamericanos.

Las expresiones de estas pandillas en los distintos países son completamente autónomas y no guardan entre sí ninguna relación jerárquica. Presentan incluso distintos niveles de violencia o de estructura interna dependiendo de su historia y de la forma en la que los gobiernos hayan atendido el problema; así que si realmente Richard Castillo Salazar, apodado como el “Mocosón”, fuera un miembro de la MS-13 en realidad estaría actuando como representante de una hipotética célula peruana de la pandilla con poca o ninguna relación con Centroamérica.

Dejando de lado la tipificación de un pandillero hecha por el Secretario de Seguridad Interior de la Nación, la idea de que “Mocosón” sea “el jefe” de la Mara Salvatrucha es absurda: no existe un solo jefe o capo internacional de esta estructura. Las decisiones son tomadas por organismos colectivos con autoridad en cada país en el que opera la pandilla. A menos que una hipotética célula peruana de la Mara Salvatrucha haya inventado un nuevo modelo de jerarquía interna en la que “Mocosón” fuera el capo, esta afirmación es, insisto, absurda.

Si la Mara Salvatrucha tiene una relación orgánica con la Organización Oropeza (lo cual pasa por muchos supuestos complicados: que “Mocosón” sea miembro de la pandilla; que haya estado en la Argentina por mandato de los líderes de MS-13 de algún país y que tenga la jerarquía necesaria para implicar con su sola presencia a toda la organización), sería la primera vez que se demuestra que la Mara Salvatrucha tiene vínculos con un cártel de la droga.

 

El autor es periodista de la Sala Negra de El Faro.

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