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¿Comer chocolate causa acné?

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Hasta los años 60, la afirmación de que este alimento agravaba esta enfermedad de la piel era ampliamente aceptada dentro de la comunidad científica. Pero todavía faltan estudios para establecer si hay una relación de causa-efecto.

“Ni se te ocurra comer chocolate porque te llenás de granitos”. Si habremos escuchado esta advertencia en nuestra juventud, ¿no? Inevitable preguntarse en estas Pascuas, entonces, si no es más que otro mito cuyo único objetivo oculto es evitar que el dulce manjar desaparezca en cuestión de segundos o acaso se trata de una afirmación con evidencia científica que realmente apunta a mejorar nuestra salud.

Que sí, que no

Hasta la década de 1960, la afirmación de que el chocolate agravaba el problema del acné era ampliamente aceptada dentro de la comunidad científica. Se pensaba que las personas que sufrían de acné eran intolerantes a la glucosa y, de hecho, muchos libros publicados entre 1940 y 1950, recomendaban evitar el consumo de alimentos y bebidas azucaradas (incluido el chocolate) como parte del tratamiento contra el acné.

Pero en 1969 apareció un estudio muy influyente que la comunidad chocolatófila abrazó con entusiasmo: un investigador de nombre James Fulton y sus colaboradores llevaron a cabo un experimento con 65 participantes con diferentes niveles de acné a los que dividieron en dos grupos. A los integrantes de uno de los grupos les dieron barras que contenían diez veces la cantidad normal de chocolate mientras que los demás recibieron una barra idéntica en apariencia pero sin chocolate.

Todos los participantes tenían que comerse las barras diariamente, durante un mes (¡qué trabajo sacrificado!) y eran examinados semana a semana. Al finalizar el experimento los investigadores no notaron diferencias apreciables (según su criterio) y concluyeron que el chocolate no tenía ningún efecto en la presencia del acné.

Este estudio causó un gran impacto y fue tomado como referencia en una gran cantidad de artículos relacionados con el tema. E incluso resultados similares se obtuvieron en otro estudio de 1971. Alegría, papel picado, confites (de chocolate). ¿Seguro? No.

Los peros

El estudio de Fulton se publicó en una revista prestigiosa y fue tan aceptado entre la comunidad científica y médica que a lo largo de aproximadamente cuatro décadas solamente dos publicaciones (ver acá y acá) examinaron el vínculo entre chocolate y acné y alertaron sobre problemas metodológicos y de cálculo en el artículo original.

¿Qué problemas? Por un lado existía un obvio conflicto de interés, ya que el estudio de Fulton había sido posible gracias a -[ATENCIÓN]- la Asociación de Fabricantes de Chocolate de EE.UU. Por el otro, había notables fallas metodológicas como la ausencia de grupos control, la falta de análisis estadístico o el hecho de que, al final del estudio, sólo se tenían en cuenta los cambios en la condición de la piel si representaban al menos un 30% de mejoría o empeoramiento, por lo que una alteración del 29% en el acné se descartaba.

Pese a las alertas el amor por el chocolate fue más fuerte y, recién en 2011, una estudiante llamada Samantha Block insistió en revisar su relación con el acné. Para ella y su grupo el problema del trabajo de Fulton era que las barras usadas no eran de chocolate puro. Como no les interesaba el efecto de otros componentes, azúcar o leche por ejemplo, utilizó chocolates con 100% de cacao para un estudio piloto sobre 10 voluntarios. Así, descubrió que había una correlación positiva entre el aumento del acné en los rostros de los participantes y la cantidad de chocolate que habían consumido.

Sin embargo, este estudio tenía limitaciones ya que era pequeño y no había sido doble ciego ni controlado con placebo (es decir, métodos utilizados para garantizar la imparcialidad y evitar los errores derivados del sesgo). Por eso, los mismos investigadores decidieron replicarlo, esta vez sobre 14 voluntarios, ajustando las condiciones. ¿Los resultados? Similares.

¿Y entonces?

¿Mito o realidad? La respuesta es que todavía no lo sabemos. Faltan más estudios exhaustivos para establecer si la correlación encontrada es realmente una relación causa-efecto y la evidencia no es suficiente (ni suficientemente robusta) como para que exista consenso acerca de la relación entre el acné y el chocolate. Menos que menos entre el acné y la dieta en general (ver acá, acá y acá).

Por lo pronto, no nos resta más que estar atentos a los nuevos estudios y proponernos como sacrificados voluntarios para comer chocolate en nombre de la ciencia.

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