CORRECTOR
Verbos terminados en EAR: Chequeé el correo (chequear). Que él cree algo (crear). Bloqueé su cuenta (bloquear). Que ojee el libro (ojear).
Diferencia entre «haz» y «has». «Haz» es del verbo hacer. «Has» es del verbo haber. Ej.: «Haz alguna actividad, hoy no has hecho nada».
Es «prever», «no preveer». Yo preveo; Tú prevés; Él prevé. «Proveer» sí se conjuga con doble «e». Tú provees; Él provee.
Diferencia entre «aún» y «aun»: «Aún» es todavía. «No he comido aún»; «Aun» es incluso. «Saludo a todos, aun cuando tengo vergüenza».
Las dos se pueden usar indistintamente: «tal vez» y «talvez»; «así mismo» y «asimismo»; «a donde» y «adonde»; «a dónde» y «adónde».
Buzon de los lectores
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nuestrascalificaciones
Verdadero La afimación ha demostrado ser verdadera, al ser contrastada con las fuentes y datos más serios y confiables.
Verdadero + En el caso de afirmaciones apoyadas en datos numéricos, los encontrados no sólo ratifican sino que refuerzan lo expresado.
Verdadero, pero… La afirmación es consistente con los datos disponibles , pero omite algún elemento del tema o su contexto.
discutible No es claro que la afirmación sea cierta o no. La conclusión depende de las variables con las que se la analice.
Apresurado La afirmación podría ser verdadera, pero es resultado de una proyección y no de un dato objetivo de la realidad.
Exagerado La afirmación no es estrictamente cierta pero sí lo es el concepto o tendencia al que se alude.
Engañoso La afirmación puede coincidir parcialmente con ciertos datos, pero intencionalmente o no, ha sido manipulada para generar un mensaje en particular.
Insostenible La afirmación surge de investigaciones con falta de sustento o graves errores metodológicos, o resulta imposible de chequear.
Falso La afirmación ha demostrado ser falsa, al ser contrastada con las fuentes y datos más serios y confiables. |
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Por Olivia Sohr
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Jueves 14 de Octubre de 2010 |

INSOSTENIBLE La diputada del PRO por la Ciudad de Buenos Aires opinó que la jefa de Estado “hace el juego de los hombres” como gobernante.
En una entrevista con el diario La Nación publicada ayer, la diputada del PRO por la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, criticó a la presidenta Cristina Fernández por no ser “femenina”. Según la diputada, la primer mandataria “hace el juego de los hombres”. Esta visión, que le atribuye ciertos rasgos inherentes a las mujeres -según la diputada, “la mujer tiene una visión temporal y de proceso”, por ejemplo- muestra una postura esencialista, que supone que hombres y mujeres tienen personalidades dadas por la biología.
El movimiento feminista, que se expandió en los años '60 luchó, justamente, contra esta visión que suponía que cada sexo tenía sus propias características intrínsecas. La ideología tradicional consideraba que las mujeres estaban biológicamente mejor preparadas para estar en la casa, y no para enfrentar el mundo público, como el trabajo asalariado o la política. Suponer que las mujeres pueden “darle a la política un valor adicional de pacificación y serenidad”, según las palabras de Michetti, es seguir esa corriente tradicional, que postula que todas las mujeres, por el mero hecho de serlo, tienen una determinada personalidad.
Como explicó a Chequeado.com Natalia Gherardi, directora de Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), “que Cristina Fernández 'hace el juego de los hombres' puede ser cierto sólo para alguien que piensa que las mujeres tienen que ser de una determinada manera. Responde a una visión esencialista de la mujer. Pero, entonces, pregunto, si un hombre se muestra consensual, ¿es femenino?”.
Michetti ejemplifica el poder femenino con el caso de la chilena Michelle Bachelet de quien, dice, “nunca la hemos visto provocar al oponente; siempre buscaba el consenso”. Es cierto que la líder chilena se ganó la reputación de escuchar y decidir con el mayor consenso posible. Sin embargo, el hecho de que una mujer gobierne de cierta manera, no implica que “las mujeres” gobiernen así. Si se analiza la historia de mujeres gobernantes, no hay ninguna evidencia de que sean más consensuales o pacíficas.
El ejemplo contemporáneo más claro es Margaret Thatcher, primera ministra de Inglaterra entre 1979 y 1990. La “dama de hierro”, como se la conoció, fue intransigente en muchos puntos. Uno de los más emblemáticos fue dejar morir, en 1981, a diez miembros del IRA, el movimiento independentista de Irlanda del Norte, en una huelga de hambre. Los huelguistas buscaban el estatus de prisioneros políticos en lugar del de criminales comunes. Tampoco se mostró consensual a la hora de responder al desembarco argentino en las Islas Malvinas, en 1982. En la misma línea, es posible mencionar a Angela Merkel, actual canciller alemana que llegó a ser conocida como Frau nein (señora no) por la dureza de su posición a la hora de negociar los estímulos para la economía durante la reciente crisis. La primera ministra israelí entre 1969 y 1974, Golda Meir, tampoco se caracterizó por ejercer un tipo de poder distinto del "masculino". De hecho, su predecesor, David Ben-Gurion, la llamaba “el mejor hombre del gobierno”.
Para Gherardi, especialista en la relación entre mujeres y poder, la inclusión de las mujeres en la política no debería basarse en que tengan una manera diferente de gobernar, sino en la apertura de la democracia a todos los grupos: “Nosotros buscamos la participación de las mujeres como parte del debate democrático, porque somos el 50% de la población. Pero no porque tengamos algo que nos haga mejores gobernantes. Tenemos las mismas ventajas y desventajas que los hombres”.
Criticar a la Presidenta por no tener un estilo más femenino de poder, cuando no es seguro que exista un estilo femenino de poder, es insostenible. Entre las mujeres, como entre los hombres, hay de todo.
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