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Pitrola: “El salario promedio argentino es $11.000. La mitad de los trabajadores gana menos de $9.000”

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Los datos del INDEC son cercanos a los valores que señaló el candidato a senador nacional por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Los expertos advierten que surgen de una encuesta, por lo que puede haber cierta subdeclaración.

El candidato a senador nacional por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), Néstor Pitrola, advirtió sobre la existencia de una crisis industrial y vinculó el cierre de empresas principalmente con la caída del mercado interno. “El salario promedio argentino es $11.000. La mitad de los trabajadores gana menos de $9.000. ¿Se puede apuntar a bajar costos laborales?”, dijo durante una entrevista con el programa “El Exprimidor” en Radio FM Latina.

En el primer trimestre de 2017, el salario promedio de los ocupados argentinos (ya sean asalariados, cuentapropistas o patrones) era de $12.305, y la mitad de ellos cobraba menos de $10.000. Al observar sólo a los trabajadores en relación de dependencia, el ingreso promedio era de $12.760, y el 50% cobraba menos de $11.000. Es decir que en ambos casos la cifra está cerca, aunque levemente por arriba de la señalada por el dirigente político.

Se trata de las cifras del INDEC que refieren a los ingresos de cada persona por su ocupación principal. Juan Graña, economista del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED), recomendó a Chequeado tomar estos números para analizar los salarios ya que excluyen otros ingresos como rentas, jubilaciones o transferencias. Además, desde el equipo de Prensa de Pitrola confirmaron a este medio que se basaron en lo publicado por el instituto oficial de estadísticas.

Dicho esto, los datos de ingresos citados surgen de una encuesta, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que el INDEC realiza trimestralmente en localidades urbanas del país, lo que posee un aspecto positivo y otro negativo sobre el alcance y confiabilidad de sus resultados.

El instituto oficial pregunta a las personas si trabajaron o no, y cuánto cobraron por su trabajo, más allá del tipo de trabajo y de la forma en la que estén contratados. De esta manera, incluye información de personas que están tanto en blanco como en negro en términos laborales, lo cual la vuelve más amplia que otras fuentes.

“Lamentablemente no hay una fuente mejor para captar los ingresos de toda la población. El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) de la ANSES tiene ingresos registrados de los trabajadores formales, pero no tiene nada sobre el ingreso de los asalariados informales, o de los cuentapropistas que son una gran proporción de la población trabajadora”, destacó en diálogo con este medio Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata.

Ahora bien, el hecho de que los datos de ingresos provengan de la declaración de las personas a un encuestador puede traer ciertos inconvenientes. “Siempre se generan algunas dudas sobre la calidad del dato no sólo porque puede haber cierta resistencia a responder sobre esta información sino también porque a veces aparece influenciado por otras cuestiones (la memoria, por ejemplo, situaciones en que se combinan ingresos ‘en blanco’ y ‘en negro’)”, explicó a Chequeado el investigador del Conicet en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL), Guillermo Neiman.

Existe evidencia de que esos ingresos están subdeclarados, aunque en el caso de los asalariados la subdeclaración no sería muy grande. Es alrededor del 15%, pero con mucha variación dependiendo del nivel de ingreso y la actividad”, coincidió Gasparini.

Por eso, para Neiman el dato de ingresos debe considerarse como una aproximación (técnicamente llamado “proxy”) a los ingresos verdaderos. “En general, se acepta que la subdeclaración crece a medida que sube el nivel de ingresos y dado que son menos personas las involucradas en esta situación el promedio tiende a ser bastante robusto y confiable”, concluyó el especialista.

 

Esta nota contó con la colaboración de Martín Slipczuk (@martosli).

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