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La Nación: “En la Argentina muere más gente producto de un accidente de tránsito que a raíz de un hecho delictivo”

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Efectivamente, las víctimas fatales por hechos de tránsito superan a los homicidios producidos con intención. La situación no es exclusiva de la Argentina, sino que sucede en la mayoría de los países del mundo.

Una nota editorial del diario La Nación se ocupó del incumplimiento de las leyes de tránsito. “Las estadísticas muestran que en la Argentina muere más gente producto de un accidente de tránsito que a raíz de un hecho delictivo”, destacó como consecuencia de la situación. Efectivamente, las víctimas fatales por hechos de tránsito superan a los homicidios producidos con intención durante actos ilícitos. La situación no es exclusiva de la Argentina, sino que sucede en la mayoría de los países del mundo.

El último año con estadísticas oficiales completas de homicidios dolosos (con intención de matar) a nivel nacional es 2008, cuando se registraron 2.305 personas asesinadas. En lo que respecta a los siniestros viales, las víctimas fatales en el lugar del hecho fueron 4.654, es decir, más del doble. Al contabilizar quienes fallecieron luego del choque, pero por consecuencia de éste, el número es aún mayor: 5.759. Los datos provienen de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) que creó el Gobierno nacional en 2008 por ley.

La información oficial está disponible hasta 2012 y evidencia una tendencia descendente: un 11% menos de muertos en el lugar del hecho en comparación con 2008, y el mismo porcentaje para las víctimas totales (de 5.759 a 5.104 personas). En ambos casos, la caída importante se dio entre 2008 y 2009, el año posterior a la creación de la ANSV. Entre 2009 y 2012 el descenso fue del 2% en los dos indicadores.

Para que los homicidios superen al total de víctimas fatales en siniestros viales tendrían que haber aumentado un 120% en este período. Como la evolución exacta  no se puede realizar por falta de información oficial, una forma de aproximarse es ver lo que sucede en la Provincia de Buenos Aires, que representaba el 45% de los homicidios del país el último año con datos oficiales y sí posee información criminal pública. Allí, el Ministerio Público Fiscal muestra una caída del 11% en los asesinatos entre 2009 y 2012.

Sergio Levín, padre de una víctima vial, especialista en el tema y colaborador de la ANSV, enumeró varios factores por los que considera que los choques de tránsito generan mayor cantidad de muertos que otros delitos. “En los dos casos influye la educación. Pero en el hecho de tránsito se juega mucho con el riesgo de la transgresión de la norma, con el límite del ‘yo puedo’, con el límite del ‘a mí no me va a pasar nada, le pasa a otros’, del ‘yo manejo bien, el otro maneja mal’, con el pedir controles, pero no cumplirlos”, indicó Levín.

El panorama no es nuevo, sino que existe al menos desde la década del ‘80, según precisó Eduardo Bertotti, director del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV). Bertotti agregó que “hay una falta de conciencia del riesgo vial, que no se concibe como tal. Hace falta trabajar mucho en educación vial”. Al respecto, Levín destacó que “en el 90% de los casos, la razón del hecho se debe al factor humano”.

La situación difiere entre las provincias. Si se miran los datos de siniestros con víctimas en relación a la cantidad de automotores registrados, Chaco ocupa el primer lugar, con casi 255 hechos cada 10 mil vehículos, unas 9 veces la tasa de Buenos Aires. En el otro extremo está Santa Cruz, con 6 choques con víctimas. El promedio nacional está en 58 casos cada 10 mil vehículos registrados.

“En las provincias existen diferentes parques automotores, lo que refiere no sólo a la cantidad sino también a la calidad”, repasó Bertotti. Además, expresó que también influyen en las diferentes tasas cómo se concibe el control y las costumbres sociales de cada lugar.

La problemática no es exclusiva del país. De hecho la Argentina tiene la cantidad de fallecidos en siniestros viales más baja de Sudamérica detrás de Chile, en relación a la población (ver ranking). La Argentina, con 12,6 cada 100 mil habitantes, está por debajo del promedio mundial, que se ubica en 18. Apenas mejor está Chile, con 12,3 y cerca se encuentra EEUU (11,4), aunque el Reino Unido (3,7), Alemania (4,7) o Francia (6,4) están lejos.

En la mayor parte de los países del mundo los muertos en hechos de tránsito son más que los homicidios, salvo en aquellos países con altos niveles de violencia, como Colombia y Venezuela, por ejemplo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los accidentes de tránsito son la octava causa de muertes en el mundo, y la primera en el segmento de 15 a 29 años.

3 Respuestas

  1. Campanario dice:

    Sí, Galtieri dijo algo parecido . “Muere mas gente en accidentes de trànsito que en la Malvinas”

  2. ARTEMIO ALVARADO MONZON dice:

    ACCIDENTES DE TRANSITO ¿EN REALIDAD EXISTEN?
    ¿Cuántas veces hemos escuchado “fue un accidente de tránsito” como análisis, explicación o justificación a un choque, despiste, volcadura o atropello?
    En nuestro país llamamos cotidianamente “accidente de tránsito” a cualquier percance que involucre a peatones y/o conductores de transporte público o privado, tengan consecuencias o no, muy al margen de las responsabilidades. La mayoría de veces tienen consecuencias diversas como lesiones, incapacidad permanente, traumas psicológicos e incluso la muerte. Esta calificación ¿es una verdad absoluta, infranqueable o incuestionable? ¿Se da por costumbre, uso o por determinación divina? debemos aceptarla sencillamente o bajo esa palabra nos escudamos para mitigar, eximir y explicar nuestra propia temeridad, negligencia e irresponsabilidad, intentando exculparnos con facilidad y sin mayor remordimiento o simplemente estamos confundidos.
    Al parecer se trataría de un mecanismo de defensa de la sociedad para proteger una realidad que le conviene no cambiar, no sabe cómo hacerlo o sirve para que algunos acrediten su trabajo.
    La Real Academia de la Lengua Española, señala que accidente se refiere a la “cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia ni su naturaleza”. Sostiene que “es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas” y concluye que se trata de algo “que sucede inopinada y casualmente”; esta frase es fundamental para la ver las reales dimensiones del tema por cuanto al referirse a “casualmente” explica que es una “combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar”.
    Sobre los “accidentes de tránsito” se tienen muchas acepciones, así, algunos

    especialistas manifiestan que se trata de “todo suceso o acontecimiento anormal e imprevisto que acarrea un daño en las personas y es causado por un hecho u ocasión directa del empleo o uso de un vehículo de tracción mecánica, animal o humana”.
    “Es un suceso eventual en el que no se puede hacerse nada para evitarlo”. (Arburola 1992, pg. 160.)
    La óptica jurídica recoge de por sí, un aspecto de casualidad y habla de daños por mero accidente sin culpa ni intención, implicando una valoración excusadora.
    Si tenemos en cuenta estudios desarrollados por la Policía Nacional del Perú y la Asociación Peruana de Empresas de Seguros, sobre las causas de los llamados “accidentes de transito”, se estima que el exceso de velocidad ocupa el 33.76%, la imprudencia del conductor 29.00%, la imprudencia del peatón 12.86%, el estado de ebriedad 11.97%, falla mecánica 4.24%, imprudencia del pasajero 2.81%, pistas en mal estado 2.45%, falta de señales de transito 0.78%, exceso de carga 0.71%, falta de luces 0.48%, mala señalización 0.22% y así sucesivamente, podemos afirmar que casi el 100% de los “accidentes de tránsito” son originados por causa humana; esta es una realidad objetiva y puntual.
    Todas las causas arriba descritas tienen múltiples explicaciones y descargos; concreta y fehacientemente, estas son resultado de no cumplir con las normas de transito, con los códigos de seguridad vial o la legislación sobre transporte terrestre de pasajeros o de carga, sea cual fuere su naturaleza. Precisamente la existencia de toda la legalidad se debe a que su cumplimiento tiene como objetivo fundamental prever y evitar la ocurrencia de estos hechos.
    Semánticamente un accidente ocurre esporádicamente, en el Perú, las estadísticas nos indican que desde el año 2000 a la fecha, han ocurrido más de 1200,000 “accidentes de tránsito”, lo que tuvo como resultado la sobrecogedora cifra de más de 40,000 muertos y un número superior a 180,900 personas incapacitadas de por vida.
    Estamos por lo tanto ante una desnaturalización profunda de significados. Si utilizamos “accidente de tránsito” innumerables veces para describir situaciones ocasionales, esta deja ya de describir situaciones fortuitas, que ocurren de pronto, deja de describir lo eventual, y se convierte parte de la esencia al conducir. Transformándose así, no reúne ninguna de las extensiones de su primigenia definición.
    La realidad determina que no ilustra, no muestra ni describe lo que sucede en las pistas del Perú.
    Este análisis formaría parte de una discusión bizantina sino se conociera ni entendiera las profundas connotaciones neuropsicologicas que tiene en el ser humano, las palabras, por cuanto en general estás marcan las percepciones; con ellas se forma el patrón de nuestro sistema neurológico.
    Las palabras dan forma a nuestras emociones y acondicionan como nos sentimos ante un hecho determinado.
    Luego del acondicionamiento, actuamos sin pensar, ni razonar, porque tenemos interiorizado nuestra forma de ver el mundo, una forma de comportarnos en todo momento y una forma de reaccionar ante determinadas circunstancias para obtener resultados.
    Según se percibe, capta y cree, se acciona.
    Dice la programación neurolingüística “que usamos el lenguaje por medio de palabras para ordenar nuestro pensamiento, y comunicarnos con los demás y con nosotros mismos: dialogo interior”. (Roseta Forner, Programación Neurolingüística, pg. 17)
    Así, el ser humano al escuchar la palabra “amor” organiza en su interior pensamientos acordes con el término emitido, sentimientos de nobleza, educación, acercamiento y concordia; por asociación se actuara en ese sentido con delicadeza y tacto, se modulara la voz, relajara los ojos y se estará receptivo a similares expresiones humanas.
    Del mismo modo la palabra “organización”, nos inspira un sentido de orden, seriedad, planificación y seguridad; actuaremos con calma, guardando sumo cuidado y nos comportaremos bajo ese marco.
    Si caminando por la calle oímos “delincuente” automáticamente habrá una serie de activaciones neurofisiológicas que lo asociara a peligro, violencia, engaño y tomaremos diversas precauciones; evitaremos exponernos por calles solitarias y/o oscuras, guardamos nuestros objetos de valor, nuestra atención se focalizara para descifrar mejor el entorno, nuestro cuerpo estará preparado para huir o luchar.
    Cuando se pronuncia la palabra”accidente” inmediatamente creemos que es algo que le puede pasar a cualquiera, que no podemos hacer nada para evitarlo; nos lleva al mundo de las probabilidades, algo que difícilmente nos puede pasar a nosotros. Por asociación nos relaciona con circunstancias, contratiempo, azar y eventualidad; Ello no activa ni genera un estado de alerta, cuidado, ni atención; nuestros sentidos actúan con desapego y hasta con indiferencia,
    Es aquí donde vislumbramos una explicación del fracaso de todas las recomendaciones, pautas, pedidos, sanciones, ruegos, llamados etc. sobre acciones y medidas para evitar los mal llamados “accidentes de tránsito”, nuestra concepto, originado por nuestra costumbre, no da cabida real a que pueden evitarse, no dice que hay responsables, ni hablar de las graves consecuencias para la familia; no activa mecanismos naturales de defensa y/o atención, porque tiene una connotación exculpatoria, al parecer crea una licencia mental para transgredir las normas de seguridad vial, sirve como anestesia interna que nos vuelve inmune ante el peligro y el dolor.
    Según la neurociencia, no se han creado redes neuronales, alrededor de esta palabra, por las cuales transitar, que lleven a los individuos a cuidarse, protegerse, estar alertas en beneficio propio ni de los demás
    Conscientemente se puede manifestar decir que los “accidentes de tránsito”, se pueden evitar, que hay responsables y que debe tenerse cuidado, pero inconscientemente se asume que no, y por lo tanto, se actúa en consecuencia.

    ¿Acaso no hemos atendido muchas veces “no tomes más de tres copas de vino, o cuatro vasos de cervezas porque te puedes accidentar”? el mensaje es si tomas tres copas de vino o cuatro vasos de cerveza, probablemente puedas chocar o atropellar a alguien y si ocurre no tienes la culpa porque le puede pasar a cualquiera.
    ¿No vemos a las autoridades declarar “hacemos un llamado a los conductores para que respeten las señales de transito porque pueden accidentarse? el mensaje es no tengo autoridad y les ruego acordarse respetar las señales de tránsito, porque a lo mejor tienen una probabilidad de lesionarse o lesionar a otros.
    Los conductores no tienen responsabilidad genuina al conducir, liban licor, realizan carreras en la vía pública, se pasan la luz roja, no respetan las señales de tránsito etc. porque no está activado el mecanismo de auto conservación y supervivencia, que lo guie y proteja ante un desastre inminente.
    Lo mismo pasa con los peatones, cruzan la pista por cualquier lugar, suben y bajan de los autobuses en marcha, no cruzan las pistas por puentes peatonales, caminan entre los autos, etc.
    Para la lucha contra este flagelo, que ha sido considerado por la ONU, como una de las causas de la pobreza, tenemos que aceptar que no se pueden esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Es necesario sustituir este vocablo de nuestro lenguaje cotidiano al referirnos a estos sucesos, por que ha contribuido a confundir nuestras percepciones, habituarnos, insensibilizarnos y convivir extrañamente con situaciones que siempre lamentamos. Tenemos que adoptar otras palabras que reflejen la realidad, así se crearan nuevas redes neuronales, que servirán al desarrollo e interiorización de conceptos asociados con el cuidado, prevención, diligencia y responsabilidad; además activara nuestro mecanismo natural de alerta y supervivencia, incidiendo en los cambios neurofisiológicos necesarios para ello.
    Al referirse a estos hechos, es conveniente llamarlos como realmente son, por ejemplo: siniestro, colisión, embestida, choque, atropello, despiste, volcadura, desbarrancamiento, etc.
    De acuerdo a la gravedad se puede asociar a términos como: espeluznante, grave, fatalidad, desgracia, funesto, aterrador, calamidad, pavoroso etc.
    Así se estará dando un primer paso para iniciar una cruzada nacional en busca de evitar los desastres del tránsito y sus trágicas consecuencias.

    Artemio Alvarado Monzón
    Doctorando en Psicología Educacional y Tutorial

  3. Enrique Eduardo Agro dice:

    El 27/03/1977 se produjo el accidente aéreo más grande (espero que no sea superado nunca): el choque de dos jumbos en Tenerife con 583 víctimas. El accidente fue en tierra. Creo que Argentina tiene diez Tenerifes por año en accidentes viales.-

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