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Teorías de conspiración viajeras: la ideología, más que el idioma, es lo que impulsa la expansión de las mentiras

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:
  • La desinformación circula rápidamente entre Estados Unidos y Latinoamérica a través de aplicaciones de mensajería y, a veces, se cuelan teorías de conspiración sobre temas como el “Club del Ojo Negro” o USAID.
  • El medio Factchequeado revisó los contenidos virales identificados en 2025 por el Instituto Democracia Digital de las Américas (DDIA) -en grupos públicos de WhatsApp y Telegram- para rastrear de qué se habla en las comunidades latinas y destacar qué casos puntuales de historias falsas hicieron un recorrido viral entre fronteras.
  • Narrativas sobre migración, criminalidad e integridad electoral se expanden en mensajes que se desplazan entre países, con frecuencia impulsados por líderes políticos o influencers que actúan como multiplicadores clave.

Cuando Elon Musk se presentó en la Casa Blanca con un moretón cerca del ojo el 30 de mayo de 2025, rápidamente circularon contenidos en Telegram e Instagram que vincularon al dueño de Tesla y de X, y entonces funcionario del gobierno estadounidense, con el “Club del Ojo Negro”, una teoría de conspiración de Q-Anon que afirma que élites y políticos trafican niños para aprovechar su sangre como elixir de juventud. Alrededor de 56,000 personas en canales de mensajería con teléfonos de Estados Unidos, México, Colombia y Venezuela, recibieron estos mensajes en cuestión de horas.

Con velocidad similar, teorías de una supuesta manipulación del clima por parte de organizaciones como USAID viajaron de EE. UU. a Latinoamérica, con mensajes que alcanzaron en pocos días a 88,000 personas.

Estos son algunos de los hallazgos que encontramos en los boletines semanales REDESCover publicados de enero a diciembre de 2025 por el Instituto Democracia Digital de las Américas (DDIA, por sus siglas en inglés), organización sin fines de lucro aliada de Factchequeado, que monitorea grupos públicos de WhatsApp y Telegram a través de la plataforma Palver, además de otras redes sociales, para identificar y analizar contenidos virales (que muchas veces incluyen desinformación) que circulan en inglés, español y portugués.

En Factchequeado, a partir de esos boletines REDESCover de 2025 y nuestras propias verificaciones, reconstruimos la ruta que siguieron algunos de esos contenidos virales en las aplicaciones de mensajería para identificar los casos clave de desinformación que se desplazaron entre Estados Unidos y Latinoamérica. 

Entre lo que observamos, encontramos que más que el idioma, es el posicionamiento ideológico lo que facilitó en 2025 la circulación de estas narrativas. También confirmamos que las mentiras se viralizan a partir de acontecimientos controversiales de alto impacto noticioso, como elecciones, juicios políticos o asesinatos, y cómo figuras de alto perfil ayudan a difundirlas y expandir su alcance. 

Sobre lo monitoreado

A diferencia de las redes sociales, lo que se difunde en WhatsApp no está definido directamente por los algoritmos porque depende de lo que envían o reenvían los contactos de cada persona; sin embargo, el contenido de esos mensajes puede tener como punto de partida conversaciones cotidianas, lo que se difunde en medios o por redes sociales (y allí sí influyen los algoritmos). Entre los latinos, el porcentaje de uso de WhatsApp (56%) casi duplica al de los estadounidenses en general y constituye la cuarta plataforma más utilizada por los hispanos, según datos del Pew Research Center de 2024. 

“Podemos pensar en WhatsApp como una plataforma que presenta la infraestructura de la vida cotidiana. Que organiza mucho de lo que hacemos en el día a día para con nosotros mismos, para con los demás, para con la sociedad”, dice la argentina Mora Matassi, doctora en Medios, Tecnología y Sociedad de NorthWestern University. Y agrega que “no estar en esta plataforma se puede llegar a asociar a riesgos de exclusión social”, por lo que desconectarse de ella “genera mucha aflicción y mucha complicación práctica en la vida de las personas”. 

Los grupos públicos monitoreados por DDIA tienen en común que comparten activamente información, desinformación y contenido hiperpartidista, además de incluir números de teléfono con códigos de área de EE. UU. (+1) y otros países de Latinoamérica. A comienzos de 2025, DDIA informó que su monitoreo incluía 1,400 grupos públicos en WhatsApp y Telegram, pero ya para diciembre, se había expandido a 3,300 grupos, con más de 702,000 participantes procedentes de los 50 estados estadounidenses.

Luis Fakhouri, cofundador y COO de Palver, explica que la plataforma permite visualizar los mensajes publicados en grupos públicos de aplicaciones de mensajería e inferir su localización a partir del código de área del número telefónico, sin identificar al usuario. “Podemos acceder a un grupo público y ver todo lo que se está diciendo sin saber quién es la persona que envió el mensaje”. Lo que sí es posible identificar es si ese mismo usuario participa en otros grupos públicos —por ejemplo, si manifiesta una posición pro-Trump o anti-Trump— o si los mensajes fueron generados por un bot o automáticamente.

De acuerdo con Roberta Braga, fundadora y directora ejecutiva de DDIA, “las teorías de conspiración observadas en 2025 dentro de los miles de grupos públicos de WhatsApp que DDIA monitorea fueron escasas y, a pesar de la alta viralidad transnacional de algunas narrativas, como la del ‘Club del Ojo Negro’ o las relacionadas con USAID, es importante reconocer que teorías de conspiración como estas no representan la mayoría de lo que se discute en los grupos”. Añade que “lo que sí se nota es que la incertidumbre y la alta desconfianza en élites e instituciones llevan a la diseminación de teorías conspiracionales, y eso es un problema regional (así como global)”. 

A continuación te contamos de qué se trataron las historias falsas que viajaron entre fronteras de las Américas.

USAID y las supuestas conspiraciones globales

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) durante años financió proyectos de asistencia humanitaria, salud, agricultura y educación en varias naciones de Latinoamérica (como Colombia, Venezuela, Guatemala, Honduras, El Salvador, Perú y México) y de otros continentes, incluyendo África. Sin embargo, desde que Donald Trump, a comienzos de su segundo mandato, decidió desmantelar USAID surgieron numerosas teorías de conspiración transfronterizas sobre cómo supuestamente se usaban los fondos de esa agencia

Que si ahora el cielo está “más despejado” por el cierre de USAID. Que si ya “no hay estelas químicas”. En febrero, en solo una semana, más de 88,000 usuarios hispanohablantes en Telegram vieron mensajes similares en los que se decía que el dinero de USAID se usaba para generar chemtrails: supuestas sustancias químicas esparcidas por aviones para envenenar a la población o modificar sintéticamente el clima. 

Todo comenzó, según explica DDIA, con un video de un hombre que graba el paso de un avión en un cielo despejado y cuestiona la ausencia de lo que cree que son estelas químicas. “Los teóricos de la conspiración que promueven esta teoría inventada afirman que USAID estuvo detrás de las toxinas y que, desde su desmantelamiento, ha cesado sus operaciones ilícitas”, señala DDIA y añade que “la fusión de estos dos hilos de control global  –uno que retrata a USAID como trabajando en contra del interés público y otro que alimenta el temor a las estelas químicas–” también fue detectada en español, en X.

También, según DDIA, se identificaron narrativas que señalaban que USAID usó el dinero para promover la agenda de izquierda en Brasil. Elon Musk se hizo eco de la idea de un “Estado profundo” que orquestó la victoria del presidente Lula da Silva en 2022. Como hemos explicado en Factchequeado, el “Estado profundo” es una teoría conspirativa que dice que los gobiernos están controlados por una red de funcionarios o agencias gubernamentales. Esas afirmaciones falsas sobre USAID en Brasil rápidamente se difundieron en redes sociales en portugués, inglés y español, de acuerdo con DDIA, y latinos que apoyan a Trump también ayudaron a difundirlas. 

En Factchequeado detectamos otras desinformaciones que viajaron entre Estados Unidos y Latinoamérica sobre USAID acerca de supuestos programas para cambio de sexo o eventos sobre personas trans. Por ejemplo, Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, afirmó falsamente en febrero que se destinaron 47,000 dólares para un espectáculo de trans en Colombia y 2 millones de dólares “para cambio de sexo en Guatemala”, lo que fue desmentido por los verificadores de La Silla Vacía y Agencia Ocote, ambos miembros de la red LatamChequea, igual que Factchequeado.

Migración y criminalidad

Decir que todos los inmigrantes son criminales o que la criminalidad aumenta por la migración han sido narrativas desinformantes impulsadas en Estados Unidos por Trump y algunos políticos republicanos desde hace años. Sin embargo, como te explicamos en Factchequeado, los inmigrantes (con o sin documentos) tienen tasas de encarcelamiento más bajas que las de los ciudadanos nacidos en Estados Unidos. Además, no hay datos estadísticos que demuestren que los inmigrantes hayan aumentado las tasas de crímenes violentos en las ciudades donde se establecen.

Cuando en marzo de 2025 la administración de Trump –luego de invocar la llamada Ley de Enemigos Extranjeros–  detuvo y trasladó a 238 venezolanos al CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) en El Salvador, acusó a la mayoría de pertenecer a la banda criminal del Tren de Aragua; pero, en realidad, sólo 6 de esos detenidos tenían condenas por delitos violentos.

Ese “etiquetado de pandillas sin verificar” se convirtió en otra de las narrativas viajeras entre Estados Unidos y Latinoamérica. DDIA cuenta cómo una publicación del influencer de derecha Eduardo Menoni –radicado en El Salvador– en la que decía que todos los deportados venezolanos al CECOT eran miembros del Tren de Aragua, generó alrededor de 77,000 interacciones en grupos de mensajería. 

“Las afirmaciones falsas que vinculaban a inmigrantes con pandillas o cárteles se mantuvieron constantes. Sin ninguna prueba, las publicaciones virales sugerían que todos los migrantes eran delincuentes violentos, lo que incrementó el miedo y la estigmatización”, señala el informe de REDESCover del 23 de julio. Allí se precisa que, así como en el primer trimestre de 2025, el Tren de Aragua de Venezuela estuvo constantemente presente en las conversaciones de los grupos; para el segundo trimestre, ya se mencionaban otros grupos criminales, como los cárteles mexicanos.

El tema del Tren de Aragua, sin embargo, volvió a viralizarse tras los ataques de Estados Unidos a embarcaciones venezolanas en el mar Caribe que según el gobierno de Trump forman parte del narcotráfico, además del aumento de las tensiones entre EE. UU. y Venezuela. Entre lo que estuvo circulando, DDIA identificó entre el 11 y 18 de noviembre al menos al menos 1,000 mensajes únicos, “que podrían haber impactado a 11 millones de usuarios de aplicaciones de habla hispana en 176 grupos”, sobre la inminente amenaza de una intervención militar estadounidense en Venezuela –como en efecto ocurrió con la extracción del dictador venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026.

Integridad electoral y narrativas viajeras

Decir que una elección estuvo “amañada” o que “hubo fraude” es una táctica frecuente para disputar resultados electorales. Es uno de los 10 patrones de desinformación electoral que se repiten cada vez que hay una elección desde hace casi una década, como hemos explicado en Factchequeado

DDIA encontró que las acusaciones sin pruebas sobre manipulación electoral se usaron en 2025 para poner en duda la integridad de los comicios nacionales y locales de este año en distintos lugares de las Américas: Ecuador y Nueva York, en Estados Unidos. También encontró que se ha calificado sin fundamento a candidatos de izquierda como “comunistas”, como ocurrió en 2024 con Kamala Harris durante la campaña por la Presidencia de Estados Unidos. 

Ecuador: reelección de Daniel Noboa como presidente. En el contexto de la reelección de Daniel Noboa en abril de 2025, perfiles de derecha presentaban el voto por Noboa como un “muro” frente al comunismo, mientras que grupos y políticos de izquierda difundían acusaciones de fraude, exigiendo recuentos, a pesar de que observadores internacionales descartaron cualquier manipulación electoral. 

Sólo en la semana previa a la votación en Ecuador, mensajes que cuestionaban la integridad del proceso o se centraban en las divisiones ideológicas y las supuestas influencias extranjeras se viralizaban en las aplicaciones de mensajería. Al menos 490 mensajes únicos circularon en 109 grupos públicos de WhatsApp y Telegram, con un alcance potencial de unos tres millones de hispanohablantes en Estados Unidos, de acuerdo con DDIA, que además afirma que estos mensajes fueron difundidos por los seguidores de la candidata opositora Luisa González, quienes pusieron en cuestión la legitimidad del resultado.

Nueva York: elección de Zohran Mamdani como alcalde. En Estados Unidos, la campaña por la alcaldía de Nueva York mostró cómo narrativas de desinformación sobre fraude electoral viajaron en español entre fronteras. En la última semana de la campaña, DDIA identificó al menos 315 publicaciones únicas en español sobre Mamdani, con un promedio de 356 interacciones por post. Las descalificaciones ideológicas e islamofóbicas derivaron en teorías de conspiración que lo acusaban de beneficiarse de “fraude electoral” y de “interferencia extranjera” el día de la elección. En Factchequeado, por ejemplo, desmentimos que Mamdani dijera que iba a imponer el islam como religión oficial o “erradicar el cristianismo” de la ciudad.

Otras cadenas de mensajes en español identificadas por DDIA incluían narrativas sobre financiamiento oscuro o vínculos con el empresario George Soros, fundador de la Open Society Foundation**. También encontraron que en Argentina, donde gobierna el aliado de Trump Javier Milei, el portal La Derecha Diario amplificó sin evidencia el testimonio de personas que supuestamente habrían “votado ilegalmente seis veces” por Mamdani. 

Brasil: juicio al expresidente Jair Bolsonaro. En grupos de mensajería de WhatsApp y Telegram, DDIA identificó una “tormenta digital trilingüe” (inglés, español, portugués) donde las redes de derecha señalaban el juicio al expresidente de Brasil –por conspirar para mantenerse en el poder después de perder las últimas elecciones frente a Lula da Silva– como una “persecución política”. 

Políticos republicanos como el secretario de Estado, Marco Rubio, y la representante por Florida, María Elvira Salazar, contribuyeron con esta narrativa, que pronto se propagó en español y portugués entre los usuarios de WhatsApp. Más de 140 mensajes únicos (sólo entre el 25 de agosto y el 3 de septiembre) describían al expresidente de Brasil como un “mártir político” que enfrentaba a un Poder Judicial corrupto. También se señalaba al Supremo Tribunal Federal de Brasil de estar “torturándolo” y se decía que “nunca se había visto a un narcotraficante pasar por esto”. 

Según reporta DDIA, los mensajes que circulaban en los grupos decían que no se estaba aplicando “ni un solo artículo de la ley” en el juicio que terminó condenando a Bolsonaro a 27 años de prisión, en noviembre de 2025. Influencers de derecha en español de otros países, como Agustín Laje (Argentina) y Eduardo Menoni (El Salvador), argumentaron que el sistema de justicia estaba siendo utilizado como arma política y la palabra “lawfare” (guerra jurídica) se viralizó en grupos de WhatsApp de la diáspora brasileña y en comunidades hispanas de Florida y Nueva York.

También, de acuerdo a DDIA, se difundieron eslóganes como “Free Bolsonaro” y “La democracia murió en Brasil” en una narrativa de discurso transnacional de extrema derecha que etiqueta los controles legales del poder como actos autoritarios.

La idea de que el arresto de Bolsonaro forma parte de una “campaña global” de “guerra legal” dirigida contra líderes de derecha fue promovida por comentaristas estadounidenses como Michael Shellenberger y Glenn Greenwald. Los investigadores de DDIA señalaron que esta subnarrativa establecía paralelismos con las recientes batallas legales de Trump y advertían sobre esfuerzos coordinados por parte de las “élites globales”.

Líderes e influencers como multiplicadores de narrativas

La viralidad de una narrativa a menudo depende del respaldo de figuras políticas o influencers de alto perfil, que otorgan credibilidad y visibilidad. Según explica Braga, las teorías de conspiración “son impulsadas en gran parte por personas que demuestran tener convicciones ideológicas muy fuertes, mucho interés en la política y por gente que consume información dentro de ecosistemas hiper-partidistas” 

Entre esos multiplicadores de alto perfil, están: 

  • Líderes de derecha: algunos líderes de derecha en Estados Unidos (como Donald Trump y congresistas) y en Latinoamérica (como los presidentes Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina) a menudo se alinean y amplifican las mismas narrativas desinformantes, transformando los eventos nacionales en luchas ideológicas regionales. “Los simpatizantes hispanohablantes (…) compararon a Noboa con figuras conservadoras como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, presentando el evento no sólo como un asunto nacional, sino como parte de una lucha ideológica regional más amplia”, señala el boletín de REDESCover del 16 de abril de 2025.
  • Influencers como conectores: cuando influencers –no importa si son de derecha (como Eduardo Menoni) o de izquierda (como Carlos Eduardo Espina)– comentan sobre acontecimientos políticos en Estados Unidos o en Latinoamérica, funcionan como conductos para la propagación de narrativas.
  • Endosos de alto perfil: en el caso de la detención de Kílmar Ábrego García –un salvadoreño cuya expulsión de Estados Unidos y envío al CECOT fue asumida por la administración de Trump como un “error administrativo”– DDIA identificó que cuando Trump y Bukele hablaron del caso, sus mensajes se expandieron “rápidamente en todas las plataformas, alcanzando aproximadamente 3 millones de usuarios en cuestión de horas. El caso se convirtió en un punto de conflicto, ilustrando cómo las narrativas relacionadas con la inmigración, especialmente cuando se combinan con el apoyo político, pueden alcanzar una viralidad masiva en todas las plataformas”.

Lo que circula en grupos de mensajería como WhatsApp muchas veces salta a las redes abiertas (o viceversa) y, ahí, los algoritmos juegan un papel crucial en su expansión. Sabemos que ellos no priorizan los contenidos apegados a la evidencia sino los que generan más interacciones.

El historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de Nexus, quien ha escrito sobre cómo las redes de información modernas han permitido que la desinformación se propague rápidamente a través de las fronteras, responsabiliza a los algoritmos por promover cierta información sobre otras. “Si preguntamos quiénes son los editores más importantes hoy en día, ya no son seres humanos, son las IA: los algoritmos que gestionan las noticias en las redes sociales”, dice en una entrevista. Añade que los algoritmos “han descubierto que el odio, la ira y la codicia generan participación”.

También el escritor italosuizo Giuliano Da Empoli –autor de La hora de los depredadores y de Los Ingenieros del Caos– ha responsabilizado a los algoritmos y reflexiona sobre el aprovechamiento político del caos en las redes: “El caos ya no es el arma de los rebeldes, sino el sello de los dominantes” y señala que la desinformación se basa en la manipulación emocional, la segmentación algorítmica y la normalización estratégica de lo “falso”.

En todo caso, lo que confirma la revisión de todos los boletines producidos por DDIA entre enero y diciembre de 2025 sobre contenidos virales en español en grupos de WhatsApp y Telegram, sumado a las investigaciones de Factchequeado, es que una vez que un concepto (como la “persecución política” o la idea de una conspiración) se viraliza en un contexto local, a veces impulsado por temas de gran impacto noticioso, rápidamente muta y se reutiliza para interpretar eventos o figuras de otros países. 

Así, los desplazamientos de narrativas “se alinean a través de valores e ideología, y ya no tan estrictamente a través del idioma”, operando por encima de las fronteras nacionales y de las diferencias lingüísticas. 

 

*Esta investigación es parte de “Los Desinformantes”, una serie de investigaciones sobre diferentes actores que desinforman en la región que realiza LatamChequea, la red de chequeadores latinoamericanos. Esta nota fue realizada en el marco del proyecto “Promover la información confiable y luchar contra la desinformación en América Latina” coordinado por Chequeado y financiado por la Unión Europea, su contenido es responsabilidad exclusiva de Factchequeado y no refleja necesariamente los puntos de vista de la Unión Europea.

** En 2024, Factchequeado recibió un grant de la Open Society Foundation, que fue utilizado para fortalecer el trabajo con medios hispanos y expandir nuestro trabajo a organizaciones de la sociedad civil para promover comunidades latinas informadas.

Fecha de publicación original: 14/01/2026

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