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Mega data centers de IA en la Patagonia: promesas millonarias y alerta por la falta de regulación

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:
  • En Argentina no hay regulaciones comerciales, impositivas o ambientales relacionadas con su eventual instalación. Sólo existe el nuevo Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que plantea grandes dudas.
  • En América Latina la situación es similar, aunque Brasil y Chile avanzan en una regulación específica.
  • Las comunidades temen que se agrave la falta de agua y los problemas ambientales en una región como Vaca Muerta, que aún no recibe el derrame económico de la actividad petrolera. 

En la región de Vaca Muerta, al norte de la Patagonia argentina y con recursos estratégicos a nivel global, se observa con cautela una nueva promesa de desarrollo: la posible instalación de mega data centers para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial. 

El 10 de octubre de 2025, la empresa argentina Sur Energy y la estadounidense OpenAI firmaron una carta de intención que contempla la posibilidad de instalar un centro de datos de próxima generación, con una capacidad estimada de hasta 500 MW. Según Sur Energy, el proyecto podría implicar una inversión de hasta US$ 25 mil millones. OpenAI confirmó el acuerdo, aunque sin precisar montos ni escala.

La ubicación no fue confirmada, pero distintas versiones señalan a la provincia de Neuquén como principal candidata por su disponibilidad energética.

Pocos días después de ese acuerdo -en noviembre de 2025-, el Gobierno neuquino presentó el proyecto de “microrregión” para atraer estas grandes inversiones. Este corredor va desde la zona de influencia de Vaca Muerta, donde se ubican Añelo y Tratayén, hasta el río Limay, en la localidad de Arroyito.


La comparación con otra promesa patagónica es inevitable, más allá de que se trata de la misma región: el auge del fracking (técnica de extracción de petróleo o gas) en Vaca Muerta llegó acompañado de anuncios millonarios y promesas de transformación económica.

Los mega data centers también son grandes demandantes de agua, como el fracking, y pueden impactar fuerte en el ambiente. Pero, por el momento, no hay una normativa que regule su instalación.

Así lo reconocieron desde la propia Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén. “De momento, no hay normativas específicas. Son tecnologías de implementación muy nuevas y complementarias al desarrollo de los hidrocarburos. Se está comenzando a trabajar”, indicaron ante la consulta de Chequeado y Ruido.

“La tecnología avanza mucho más rápido que la regulación, por lo que debemos generar marcos que combinen agilidad, claridad y seguridad jurídica. La ley de promoción de la Microrregión Núcleo es un paso en esa dirección”, explicó a ambos medios Rubén Etcheverry,  secretario del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo de Neuquén (Copade, que depende del gobierno provincial) y ex ministro de Planificación.

Tampoco existen normas locales ni anuncios al respecto.

A nivel nacional, la iniciativa se apoyaría en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), sancionado durante el gobierno de Javier Milei, que ofrece beneficios impositivos, regulatorios y en las importaciones para este tipo de proyectos.

En la última apertura de sesiones del Congreso de la Nación, el Presidente reiteró el anuncio de un polo de desarrollo de inteligencia artificial en la Patagonia, y vinculó la instalación de esos centros de datos con el desarrollo energético, el RIGI y la inserción del país en las cadenas de valor occidentales.

Desafíos pendientes

Para algunos especialistas, el marco general del RIGI -sumado a la falta de regulaciones específicas- implica desafíos. Alan Rocha, comunicador social experto en extractivismo e investigador del Observatorio Petrolero Sur -una organización dedicada a promover la producción y consumo de energía de forma justa y sustentable-, advirtió a Chequeado y Ruido: “Esquemas legales como el RIGI ofrecen fuertes beneficios impositivos, cambiarios y regulatorios. Pero esto puede ser regresivo en términos de control ambiental, uso del agua o supervisión financiera”.

Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre -ONG que promueve y defiende los derechos fundamentales en entornos mediados por tecnologías de información y comunicación- coincidió: “El RIGI es una regulación hecha a medida de los grandes inversores. Elimina cualquier obligación de contratar trabajo local y de regulaciones ambientales. Incluso pone condiciones por las que el Estado no puede obligar a las empresas a promover el ‘compre nacional’”.

Entre derrames petroleros y falta de infraestructura: cómo es la zona donde Nación y Neuquén proyectan instalar mega data centers

A nivel provincial, existe interés en promover la instalación de esta industria. Etcheverry aseguró ante ambos medios que la actual gestión (del gobernador Rolando Figueroa) está impulsando la “economía del conocimiento” como eje estratégico para Neuquén. “Queremos que el desarrollo tecnológico trascienda la actividad hidrocarburífera y abra nuevas oportunidades económicas para la población local”, sostuvo.

En este sentido, remarcó las ventajas que tiene Neuquén: “Es un ‘microclima’ ideal para industrias tecnológicas que requieren confiabilidad energética, baja latencia de conexión, capacidad de refrigeración natural y un contexto previsible”.

Pero hasta ahora no aparecen normas específicas para regular o impulsar la actividad, más allá de las intenciones.

Busaniche destacó que el marco normativo para acompañar a estas inversiones debe ser amplio. “Se necesitan regulaciones no sólo de protección ambiental, sino también de protección de datos personales y que se les exija darle prioridad a las comunidades locales. Además, es importante que se obligue a hacer auditorías permanentes de consumo energético e hídrico, y que los titulares de los data centers se ocupen de las tareas reparatorias del impacto ambiental”, detalló a Chequeado y Ruido.

Presa de Arroyito, al lado de El Chocón, Neuquén. Gentileza Argentina.gob.ar.

La situación en América Latina 

Pocos países de América Latina tienen planes y normativas para regular este tipo de inversiones. En la mayoría de los casos, sólo ofrecen beneficios fiscales, como Argentina.

Brasil avanzó en una regulación específica con la medida provisoria 1318/2025 (un decreto presidencial) que crea el régimen Redata. Combina incentivos fiscales, como la suspensión de impuestos para la compra de equipamiento tecnológico. Pero también exige condiciones de sostenibilidad (usar 100% de energía sustentable, niveles de eficiencia en el consumo de agua, etc.) y compromisos en investigación y desarrollo en el país.

En Chile, existe el Plan Nacional de Data Centers 2024-2030, que establece lineamientos para atraer inversiones, prioriza energías renovables y persigue la integración territorial.

Brasil y Chile son los países con más cantidad de centros de datos de América Latina, seguidos por México y Argentina, según datos del sitio Data Center Map.

Busaniche aseguró a este medio que las cifras multimillonarias del anuncio de OpenAI son exageradas, pero reconoció que Argentina está en el radar de las grandes empresas estadounidenses de este rubro. 

“En América Latina hay una subordinación a la agenda de EE.UU. que tiene una carrera contra China en materia de IA, y que ni Europa está logrando entrar a competir en esta carrera”, explicó.

Las promesas truncas del fracking

Mientras escucha con cautela estas nuevas promesas, el norte de la Patagonia sigue esperando el crecimiento regional y los puestos de trabajo que, en teoría, iba a traer el fracking en Vaca Muerta. Distintos actores locales sostienen que ese progreso aún no llegó.

En Añelo, corazón de Vaca Muerta, Liliana Romero, lonko (líder) de la comunidad mapuche Fvta Trayén, describió: “Ya no tenemos la misma tranquilidad. Acá hay mucha contaminación, hay polvo en suspensión, el campo está reseco, no hay pasturas para los animales. Ya no nos queda territorio”.

Las cigüeñas petroleras, parte del paisaje del corredor neuquino de Vaca Muerta. Crédito: Ruido.

La presión sobre el agua es uno de los puntos más sensibles. “Dependemos de pedirle agua a la industria. A veces nos dejan alguna toma o válvula para conectarnos. Llenamos charcos y transportamos agua a los puestos. Pero es agua pensada para la industria”, explicó Diego Rosales, werkén (vocero) de la comunidad.

Los centros de datos a gran escala requieren enormes cantidades de energía y agua para su funcionamiento. Según estimaciones realizadas para EE.UU., por cada MWh consumido necesitan 7,1 metros cúbicos de agua, considerando tanto el uso directo como el indirecto en la generación eléctrica. Esto es más de 2,5 millones de litros anuales por cada megavatio de potencia.

Ese volumen se sumaría a la demanda ya elevada del fracking. Cada pozo puede consumir hasta 60 mil m3 anuales, y en 2025 la actividad acumulaba 17.300 pozos en todo el país, con un consumo total estimado en más de 1.038 millones de m3.

“Estos centros requieren millones de litros de agua dulce para refrigerar equipos que trabajan a temperaturas muy altas. Y estamos en una provincia donde los ríos vienen registrando caudales históricamente bajos”, advirtió Rocha. 

Una muestra de data center a pequeña escala

La energía es otro recurso clave. En la región -al norte de Vaca Muerta- ya existen experiencias como la de Unblock, un data center a menor escala que instaló centros de cómputo modulares que utilizan gas de venteo para generar electricidad y minar Bitcoin. 

La empresa plantea este modelo como una forma de aprovechar un recurso que de otro modo sería liberado o quemado y aumentaría la huella de carbono de la industria de los hidrocarburos.

Unblock utiliza gas de venteo como energía, algo que no pueden hacer los mega data centers. Gentileza: Unblock.

Unblock tiene una potencia instalada de 27 MW entre Rincón de los Sauces y Añelo, y proyecta duplicar su capacidad. Su CEO, Tomás Ocampo, destacó a este medio que el futuro de la IA estará condicionado por el costo de la energía y que regiones con recursos abundantes podrían tener ventajas competitivas. 

Pero el proyecto vinculado a OpenAI implicaría una escala superior, si se llegara a los 500 MW anunciados. No alcanzaría con el gas de venteo y requeriría energía proveniente tanto de los pozos de Vaca Muerta como de otras fuentes renovables, ya sea la eólica o las represas hidroeléctricas patagónicas que se alimentan de los ríos Limay y Neuquén.

“Nuestro modelo es distinto al de los mega data centers tradicionales. Nosotros trabajamos con soluciones modulares que aprovechan energía que hoy se desperdicia. Creemos que el futuro de la inteligencia artificial dependerá en gran medida del costo de la energía. Los países que logren producir energía más barata tendrán ventajas competitivas en el desarrollo tecnológico”, aseguró Ocampo a Chequeado y Ruido.

“Un recurso sensible son las fuentes de energía capaces de sostener el consumo de estas instalaciones. Porque si no puede ocurrir lo que ya pasa en EE.UU., donde las comunidades cercanas se están quedando sin luz o pagan una energía carísima”, recordó Busaniche.

A nivel global, el crecimiento de esta industria ya es significativo. En 2024, los centros de datos representaron alrededor del 1,5% del consumo mundial de electricidad -unos 415 TWh-, según la Agencia Internacional de la Energía. Y se proyecta que esa demanda se duplique hacia 2030. Este aumento podría traducirse en mayores emisiones de gases responsables del cambio climático, dependiendo de la matriz energética del país anfitrión.

Economías de enclave

Desde una mirada económica, también aparecen interrogantes sobre el impacto local. Rocha definió a los mega data centers como “economías de enclave”: grandes inversiones de capital con bajo nivel de empleo permanente y alta automatización. “Pueden consumir millones de litros de agua y enormes cantidades de energía, mientras emplean a 50 o 60 personas. Lo que deja en la región es mínimo”, señaló.

Al respecto, una investigación de Aos Fatos (medio de verificación de Brasil) publicada por Chequeado, demuestra que los centros de datos no crean cantidad de puestos de trabajo locales y que gran parte de las cifras prometidas en inversión se destinan a equipos tecnológicos, generalmente importados.

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“Es extractivismo puro y duro, y no generan empleo local”, remarcó Busaniche. Y explicó que, para saber si conviene instalar un data center en un sitio, se debe hacer un análisis económico profundo. “Si va a traer más desarrollo a la región y al país, entonces se establece lo que se suele llamar ‘zona de sacrificio’. Pero nunca se puede hacer eso sin medir efectivamente las consecuencias”, contó.

Unblock, por ejemplo, emplea a unas 20 personas, según el CEO de la empresa. “Si capturáramos todo el gas de venteo en Vaca Muerta, podríamos generar cientos de empleos”, calculó Ocampo.

En tanto, la economía del fracking está dejando un sabor agridulce en la región. Desde el gobierno provincial, Etcheverry sostuvo que esa actividad dinamizó la economía, activó la cadena de proveedores y generó ingresos. Pero otras voces plantean una mirada más crítica.

Desde el sector empresario, Fernando Zurita, titular de la Federación de Entidades Empresarias de Neuquén, reconoció que no tienen detalles sobre la eventual instalación de data centers, y que todavía no hay un gran derrame económico por Vaca Muerta. “Aún no se produjo un impacto económico real y tangible en términos generales”, dijo.

Y agregó: “Nos imaginábamos un desarrollo más rápido de rutas, de ciudades, de infraestructura. Hoy faltan muchos servicios básicos: cloacas, agua potable, servicios urbanos”. 

Más allá de la promesa de crecimiento y trabajo local, a la comunidad mapuche le preocupa el impacto negativo del fracking que ya perciben en la región. Temen que la instalación de data centers amplifique los problemas. 

Entrada a la comunidad mapuche de Tratayén. Crédito: Ruido.

Con los derrames de petróleo se pierden un montón de plantas autóctonas. Cada vez hay menos pasturas para nuestros animales y hay mucha sequía por el tema de la contaminación. Así que para nosotros Vaca Muerta no ha sido bueno ni va a ser bueno”, dijo Romero, la líder de la comunidad.

El último derrame, en el lago Mari Menuco, afectó una zona de 50 mil metros cuadrados. 

Rosales, vocero de la comunidad, agregó: “No todo lo que brilla es oro. Se habla mucho del boom, se ve en la tele, pero los que estamos dentro de ese boom somos los que padecemos miles de necesidades. A empresarios y gobiernos les va bien porque se llevan la riqueza del suelo. A nosotros no nos queda ni trabajo para los chicos”.

 

Esta investigación forma parte de un proyecto de Chequeado que cuenta con el apoyo del Pulitzer Center.

Fue realizada por Lucas Viano, con la edición de Ruido y Chequeado. El informe es de Judith Calmels y las imágenes de Santiago Amillano para Ruido.

Fecha de publicación original: 31/03/2026

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