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Cáncer de mama y lactancia: qué es cierto y qué no sobre los mensajes que circulan en redes

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:
  • El dolor al amamantar y la mastitis no suelen ser signos de cáncer de mama, aunque un tipo poco frecuente de cáncer inflamatorio puede generar síntomas similares. Si una mastitis no mejora tras 7 a 10 días de tratamiento, se recomienda una reevaluación médica.
  • La lactancia se asocia con una reducción del riesgo de cáncer de mama, especialmente en los tumores con receptores hormonales positivos, pero no reemplaza los controles médicos ni las mamografías recomendadas.
  • El autoexamen no demostró mejorar la detección temprana ni la supervivencia, por lo que los especialistas promueven la “conciencia mamaria”: conocer el aspecto habitual de las mamas y consultar ante cambios persistentes como bultos, alteraciones en la piel o secreción con sangre.

La influencer Carolina Trippar contó la semana pasada que fue diagnosticada con cáncer de mama. “Tengo cáncer de mama. HER2 negativo, hormonal positivo con metástasis”, dijo en un video de su cuenta en YouTube. A partir de su testimonio, en redes sociales comenzaron a circular distintas afirmaciones que vinculan la enfermedad con la lactancia, ya que Trippar fue madre en marzo de 2025.

Entre ellas, que una mastitis puede “tapar” un cáncer de mama (1, 2, 3, 4, 5) , que amamantar previene la enfermedad (1) y que el autoexamen es un método eficaz de detección (1).

¿Qué dice la evidencia científica sobre cada una de estas afirmaciones? 

Los síntomas de mastitis pueden confundirse con los de un tipo de cáncer de mama poco común

El cáncer de mama es el cáncer más común en mujeres en Argentina. Sin embargo, el cáncer de mama de tipo inflamatorio, que es el que provoca los mismos síntomas que una mastitis, representa de 1 % a 5 % de todos los casos (según datos recopilados en Estados Unidos). 

“Dado que ocasiona exactamente los mismos síntomas -enrojecimiento, calor, hinchazón, endurecimiento de la mama y dolor- se pueden confundir”, sostuvo Valeria Cáceres, médica oncóloga, jefa del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Angel H. Roffo. Y añadió: “Debido a que el dolor y la inflamación se asumen como normales por estar amamantando, muchas mujeres postergan la consulta médica o reciben tratamientos iniciales con antibióticos pensando que es una infección común”.

Ante la duda, la médica recomienda la regla de los 7 a 10 días: “Si los síntomas no mejoran tras 7 o 10 días de antibióticos, se debe exigir una reevaluación médica urgente”.

Por otro lado, aunque la persona esté amamantando, la médica miembro de la Asociación Argentina de Oncología Clínica recomienda consultar a un especialista en caso de notar:

  • Mastitis recurrentes que aparecen siempre en la misma zona.
  • La piel del pecho se vuelve gruesa, pesada, con hoyuelos o poros muy abiertos (similar a la cáscara de una naranja).
  • El pezón se hunde o se aplana hacia adentro y no vuelve a su posición normal.
  • Manchas de color púrpura, rosado o hematomas que aparecen de golpe sin haber recibido un golpe.
  • Un nódulo duro que no disminuye de tamaño ni se ablanda después de que el bebé mame o luego de masajes suaves y frío local durante 72 horas. 

“El dolor y las dificultades para amamantar son muy frecuentes y la enorme mayoría de los casos no están relacionados con cáncer de mama. Tener dificultades para amamantar no aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama ni estas dificultades son un síntoma precoz de la enfermedad. El cáncer de mama depende de múltiples factores genéticos, hormonales y ambientales”, explicó a Chequeado Cecilia Arballo, médica ginecóloga magíster en Mastología.

Y añadió que “hay un cáncer de mama muy raro asociado al embarazo o al puerperio, que se diagnostica durante el embarazo o hasta un año después del parto. Pero no suele manifestarse como dolor o dificultades para amamantar”.

Dar el pecho se asocia con una reducción del riesgo de cáncer de mama

Un estudio de 2002 publicado en la revista científica The Lancet encontró que el riesgo relativo de cáncer de mama disminuye un 4,3% por cada 12 meses de lactancia materna.

Arballo, especialista acreditada por la Sociedad Argentina de Mastología, explicó: “Los estudios realizados en millones de mujeres de todo el mundo muestran que amamantar se asocia con una reducción del riesgo de cáncer de mama. Este efecto protector se observa para los tumores con receptores hormonales positivos, que representan el 70-75% de todos los casos. También hay evidencia de beneficio para otros subtipos, como los tumores triple negativos, que son los de peor pronóstico”. 

La experta aclaró que la protección aumenta a medida que se prolonga la lactancia. “No existe un umbral exacto, sino que hablamos de una relación dosis-respuesta: cuanto mayor es el tiempo de lactancia a lo largo de la vida reproductiva, mayor es la reducción del riesgo. De todas formas, incluso períodos más cortos pueden aportar beneficios”, dijo.

No obstante, la experta advierte que la lactancia no reemplaza los controles médicos ni el tamizaje mamográfico.

Qué recomiendan los especialistas sobre el autoexamen durante la lactancia 

Según la Fundación Breast Cancer, algunos expertos recomiendan centrarse en el autoconocimiento mamario en lugar de realizarse autoexámenes frecuentes, ya que “los estudios han demostrado que la autoexploración de mamas periódica no tiene un efecto significativo en los índices de supervivencia del cáncer de mama e incluso puede dar lugar a realizar biopsias innecesarias”. 

En la misma línea, Arballo aclaró: “Más que indicar el autoexamen mensual, lo que buscamos es la conciencia mamaria: conocer el cuerpo para poder detectar cualquier cambio. El autoexamen no tiene impacto en la detección de nódulos como sí sucede con la mamografía. Por eso, sí lo recomendamos en mujeres que todavía no están en edad de tamizaje con mamografía, que son las menores de 40 años”.

Para el autoconocimiento mamario, Breast Cancer sugiere examinar el tamaño, la forma y el color de las mamas; si sale líquido de uno o ambos pezones; y si hay bultos o anomalías, estando de pie y sentada.

Cáceres explicó que “durante la lactancia, los pasos de la autoexploración son los mismos, pero cambia el momento”. Y aclaró: “Durante la lactancia, la mama sufre constantes cambios de tamaño y consistencia por la acumulación de leche, por lo que la clave es el vaciado. La autoexploración debe realizarse siempre justo después de amamantar o de extraerse leche, cuando el tejido mamario está lo más blando y descargado posible”.

A qué edad comenzar con mamografías

Si bien el Ministerio de Salud de la Nación recomienda, a nivel poblacional, hacer mamografías a mujeres de entre 50 y 69 años (cuando no hay síntomas ni antecedentes familiares de cáncer de mama), la Sociedad Argentina de Mastología (SAM), la Sociedad Argentina de Radiología (SAR) y la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), entre otras sociedades científicas, recomiendan:

  • Hacer mamografías anuales a partir de los 40 años, sin edad de finalización determinada.
  • Realizar una primera consulta médica entre los 25 y 30 años para hacer una evaluación del riesgo.
  • En caso de tener antecedentes de cáncer de mama, la indicación es comenzar la mamografía anual 10 años antes de la edad del diagnóstico del familiar más joven que lo haya padecido.

“Durante la lactancia también se deben realizar los chequeos. Mi consejo es no alarmarse ante el dolor o problemas con la lactancia, porque lo más probable es que se trate de un problema benigno. Pero tampoco normalizar cualquier cambio: si aparece un bulto que persiste después de vaciar la mama, una zona endurecida que no mejora en una o dos semanas con el tratamiento adecuado, cambios en la piel, retracción del pezón, secreción con sangre o un aumento de volumen que no se explica por una mastitis, es importante consultar con un especialista”, concluyó Arballo.

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