Qué es el Parkinson, la enfermedad que padecía el “Indio” Solari
- Este viernes falleció Carlos Alberto “Indio” Solari, cantante y fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Tenía 77 años y padecía la enfermedad de Parkinson.
- Se trata de un trastorno neurodegenerativo que afecta a las neuronas encargadas de producir y transmitir dopamina, un neurotransmisor clave para el control del movimiento.
- Más de 8,5 millones de personas en el mundo vivían con Parkinson en 2019, según estimaciones de la OMS. En Argentina, si bien no hay cifras oficiales, se calcula que cerca de 100 mil personas conviven con esta enfermedad.
Carlos Alberto Solari, conocido popularmente como el “Indio” Solari, falleció este viernes a los 77 años. El cantante, quien fue fundador y vocalista de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, padecía en los últimos años la enfermedad de Parkinson.
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta a un tipo específico de neuronas, las dopaminérgicas, responsables de producir y transmitir dopamina, un neurotransmisor clave en el control del movimiento.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 8,5 millones de personas en el mundo vivían con esta enfermedad en 2019. En la Argentina, si bien no hay cifras oficiales, se calcula que cerca de 100 mil personas conviven con esta enfermedad.
¿Cómo se origina?
“Movimiento tembloroso involuntario, con potencia muscular disminuida, en partes del cuerpo en reposo e incluso estando apoyadas; con una propensión a inclinar el tronco hacia delante.” Así describió por primera vez la enfermedad de Parkinson el neurólogo británico James Parkinson.
¿Pero cuál es su origen? En el Parkinson se produce un proceso degenerativo progresivo que comienza en una región del cerebro donde reside un conjunto de neuronas encargadas de controlar el movimiento. Estas neuronas se llaman dopaminérgicas porque producen una sustancia llamada dopamina, que utilizan para enviar mensajes a otras partes del cerebro y así coordinar los movimientos del cuerpo.
Cuando una persona padece Parkinson, sus neuronas dopaminérgicas mueren y la producción de dopamina disminuye. El resultado final es que el cuerpo del enfermo no recibe los mensajes que necesita para moverse con normalidad.
Por eso, los síntomas más comunes de la enfermedad incluyen temblores, dificultad para mantener el equilibrio, alteración de la coordinación o problemas para ponerse de pie o andar.
El difícil diagnóstico del Parkinson
Pero no es Parkinson todo lo que tiembla, ni todo temblor es Parkinson. De hecho, la variedad de síntomas que presentan los pacientes dificulta el correcto diagnóstico de la enfermedad. De ahí que los enfermos de Parkinson tarden hasta 3 años en obtener un diagnóstico correcto.
Por eso, uno de los principales retos actuales en investigación científica es la identificación de biomarcadores –sustancias que permiten medir el riesgo de sufrir una enfermedad– que faciliten un diagnóstico precoz.
Cuando James Parkinson describió la enfermedad, ya dejaba claro que el síntoma predominante era la alteración en el movimiento. De hecho, su trabajo se tituló “Un caso de parálisis agitante”, subrayando la lentitud y rigidez del paciente (“parálisis”) junto al temblor predominante (“agitante”).
Por esta razón, tradicionalmente la enfermedad se ha considerado como una patología del sistema motor con un enlentecimiento de los movimientos, rigidez de extremidades y temblor de predominio en reposo. Sin embargo, los neurólogos apreciaron rápidamente que los enfermos padecían múltiples síntomas que deberían explicarse por alteraciones en otras áreas dentro del sistema nervioso.
Más allá del trastorno motor
Los profesionales se refieren a ellos como “síntomas no motores” que, por cierto, no es decir mucho conceptualmente. Engloba síntomas producidos por disfunción del sistema nervioso autónomo, síntomas gastrointestinales, alteraciones perceptivas y trastornos cognitivos.
Algunos de estos síntomas pueden aparecer precozmente en el curso de la enfermedad, como ocurre con la reducción de la capacidad olfativa, el estreñimiento o las bajadas de tensión arterial (también denominado ortostatismo).
En otras ocasiones, progresa junto a los síntomas motores como los problemas vesicales con urgencia miccional o disfunción sexual, así como problemas al tragar. Los trastornos cognitivos y neuropsiquiátricos son también frecuentes, aunque suelen aparecer tardíamente en el curso del cuadro clínico.
Lo grave del asunto es que hay pacientes en los que estos síntomas “no motores” generan una mayor disfunción y mala calidad de vida que los síntomas “clásicos”.
Más de 25 millones de pacientes en 2050
Un estudio que acaba de publicarse ha proyectado cómo evolucionará la prevalencia del Parkinson en el mundo hasta 2050. Según esta proyección, se estima que 25,2 millones de personas vivirán con esta dolencia a nivel global, lo que representa un aumento del 196 % en comparación con 2019.
El estudio se basa en datos del Global Burden of Disease, una fuente ampliamente reconocida en investigación epidemiológica.
La razón de estas estimaciones se explica por las propias características de la enfermedad. En primer lugar, se trata de una patología difícil de identificar, ya que no existe una prueba específica que permita hacerlo de manera clara y los pacientes pueden tardar varios años en recibir un diagnóstico preciso.
Además, no existe un tratamiento eficaz que detenga el avance de la enfermedad. Actualmente, las terapias disponibles se centran en aliviar los síntomas para mejorar la calidad de vida del paciente.
La mayoría de los casos de Parkinson son de origen desconocido (idiopáticos), lo que dificulta la implementación de planes nacionales de prevención. Aparte del envejecimiento, el principal factor de riesgo, se han identificado variables ambientales como la exposición prolongada a pesticidas, así como mutaciones genéticas en algunos casos. También existen factores modificables relacionados con el estilo de vida, como el tabaquismo, la diabetes tipo 2 y la vida sedentaria
Retrasar la aparición de la enfermedad
A la espera de que la investigación científica dé sus frutos, existen ciertas medidas que pueden ayudar a retrasar la aparición y avance de la enfermedad, así como mejorar la calidad de vida de los pacientes ya diagnosticados:
- Hacer ejercicio de manera habitual puede ayudar a disminuir los síntomas motores y no motores, ayudando a mantener el movimiento y el equilibrio necesarios para la vida diaria. La ciencia sigue investigando el papel del ejercicio para ralentizar el deterioro de la función motora y modificar el curso del Parkinson.
- Seguir una dieta sana y equilibrada mejora nuestro estado de salud general. Lo que es bueno para nuestro corazón, es bueno para nuestro cerebro.
- Estar bien informados. La información es el mejor remedio contra las noticias falsas que muy lejos de ayudar, contribuyen a empeorar nuestra salud. Hay que acudir siempre a fuentes fiables de información, como personal sanitario y científicos.
Este artículo es una versión editada de la nota original publicada por The Conversation.
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