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Cómo mide el INDEC la inflación en la Argentina

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:
  • El Índice de Precios al Consumidor (IPC) que se publica mensualmente surge de medir la evolución de los precios de una canasta de productos y servicios representativos del consumo de los argentinos. 
  • No todos los productos y servicios tienen el mismo peso en esa canasta y el aumento que puedan tener individualmente impactará de forma diferente en la inflación. 
  • Antes de 2016, la inflación sólo se medía en el Gran Buenos Aires, pero desde ese año el INDEC incorporó la información del resto del país, dividido por regiones. 

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informa mensualmente (antes del décimo día hábil del mes), el dato de la inflación, un indicador que sirve para la definición de políticas económicas y monetarias (como la elaboración del Presupuesto), obligaciones contractuales (el pago de un alquiler) y para medir el cambio en el poder de compra de los consumidores, entre otras cosas.

En esta nota te contamos cómo el INDEC construye el dato de la inflación, desde la composición de la canasta de productos a relevar hasta el peso de cada uno de ellos y de las provincias en el índice general, y qué diferencias existen con otros índices similares, como el que elabora la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

¿Qué es el Índice de Precios al Consumidor (IPC)?

Como se explica en este documento publicado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad, la inflación es “un fenómeno amplio, que involucra la suba generalizada de todos los precios de una economía”.

En este sentido, el dato que mide y publica el INDEC abarca sólo una parte de todo ese universo de precios: según la propia definición del organismo, se trata de “la evolución de los precios de un conjunto de bienes y servicios representativos del gasto de consumo de los hogares residentes en áreas urbanas”. A esto se lo conoce como el Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Pese a esta diferencia, el Consejo destaca que “este indicador permite observar los puntos de inflexión y los cambios de tendencia, y es representativo de los bienes y servicios consumidos por la mayoría de la población”.

La primera medición de la inflación se produjo en 1924 y fue realizada por la Dirección General de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta 1974, cuando se incorporaron los partidos del Gran Buenos Aires, la encuesta sólo abarcaba a comercios de esa jurisdicción. 

Recién en 2005 el INDEC publicó su primer índice de precios nacional, sumando al Gran Buenos Aires datos que ya entonces calculaban las direcciones de estadísticas de  las provincias de Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, San Luis y Catamarca. Según indicó el propio organismo, “este programa contemplaba un plan de incorporación futura para el resto de las provincias, pero fue discontinuado en abril de 2008”, ya durante el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner (Frente para la Victoria).

Como se explica en esta nota, a partir de 2007 el INDEC fue intervenido y se empezó a subestimar sistemáticamente la inflación en los datos oficiales. Frente a esta situación, para ponderar la inflación de ese período suele utilizarse el denominado “IPC 9 Provincias” que elaboraba el Centro CIFRA de la CTA -que lidera el sindicalista docente y hoy diputado del Frente de Todos, Hugo Yasky- y promediaba los distintos índices provinciales. Este número siempre fue mayor al oficial.

Finalmente, en 2016 -durante la gestión de Jorge Todesca, nombrado por el presidente Mauricio Macri (Cambiemos)- se declaró la Emergencia Estadística y se inició un proceso de revisión del relevamiento junto a las direcciones provinciales de estadísticas. A partir de ello se elaboró el actual índice, con cobertura en todo el país.

¿Cómo se elabora el actual índice de inflación?

El primer punto importante a determinar en un índice de este tipo es qué bienes y servicios se incluirán en la medición. De acuerdo con el apartado metodológico publicado por el INDEC, se trata de “bienes y servicios de consumo final utilizados por los hogares, las instituciones sin fines de lucro o las unidades del gobierno”. Es decir que el índice no incluye gastos en impuestos, aportes jubilatorios, pago de préstamos y compra de viviendas, entre otros puntos. 

Para conformar la canasta de productos que definen la evolución del IPC, el INDEC se basó en la información brindada por la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) del año 2004, que muestra los patrones de consumo de la sociedad en esa época.

Con estos datos, el organismo de estadísticas ponderó el peso que cada producto tiene en las compras cotidianas de la sociedad, lo que define a su vez la incidencia de ese bien o servicio en el índice (es decir, cuánto influirá el aumento de ese precio en la inflación general). Siguiendo las recomendaciones de la Clasificación del Consumo Individual por Finalidades (CCIF) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada uno de estos ítems fueron agrupados en 12 grandes rubros.

En el actual índice el rubro de alimentos y las bebidas no alcohólicas tienen el mayor peso sobre el total de la canasta (23,4% en el Gran Buenos Aires), mientras que las comunicaciones tienen la incidencia más baja (2,8%). Esto significa, por ejemplo, que una suba importante en los servicios de telefonía fija (0,6% del total) no va a tener el impacto en la inflación general que sí tendría la carne (7% del total).

La medición de los precios

El INDEC informó que para medir la evolución de los precios se realizan encuestas en 500 supermercados y más de 16 mil negocios tradicionales (autoservicios, panaderías, carnicerías, etcétera), instituciones (colegios privados, entre otros) y empresas (distribuidoras de gas de red, etcétera). También se relevan precios en forma centralizada mediante llamadas telefónicas, correos y página web.

Los encuestadores visitan mensualmente los negocios tradicionales, mientras que en los supermercados la encuesta se realiza 2 veces al mes. El relevamiento se realiza en formato papel por medio de cuestionarios estructurados y preparados para cada tipo de negocio de venta.

La información luego es relevada por cada dirección provincial de estadística, que es el órgano responsable de cargar los datos al sistema informático.

Los índices regionales

Desde 2016, el índice de precios cuenta con una división regional con el objetivo de reflejar las diferentes realidades de cada zona del país: Gran Buenos Aires, Pampeana, Noreste, Noroeste, Cuyo y Patagonia. 

Es por ello que cada región cuenta con su propia ponderación del peso de los rubros en su canasta de consumo, lo que -junto con la dinámica de la evolución de los precios en cada zona en particular- hace que cada índice sea diferente. 

Por ejemplo, mientras que en el Gran Buenos Aires los alimentos representan el 23,4% del total de rubros, en el Noreste (Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones) es el 35,3%, por lo que el incremento de los precios de los alimentos tendrá un mayor impacto en el segundo caso.

El índice de precios nacional es el resultado de la agregación de cada uno de los índices regionales. Pero, como en el caso de los rubros, cada región tiene un peso diferente según su incidencia en el gasto total del país (también estimado según las bases de la ENGHo 2004). De este modo, mientras que el Gran Buenos Aires representa el 44,7% del total y es la de mayor incidencia, la región Noreste (de menor incidencia) sólo representa el 4,5%.

Las diferencias entre el IPC nacional y el de la Ciudad

Al respecto, en el último mes se generó una polémica por las diferencias existentes entre el IPC nacional informado por el INDEC (4,9%) para noviembre de 2022 y el dato de la inflación de la Ciudad de Buenos Aires (5,8%) elaborado por la Dirección General de Estadísticas y Censos porteña (DGEyC) para el mismo mes.

¿A qué se debe esta diferencia? Como se explica en este artículo del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad, está relacionada con la diferente ponderación de cada rubro en el IPC general. 

Para ejemplificar esta situación, el Consejo señaló que los alimentos “poseen mayor peso en el IPC del Gran Buenos Aires que en el IPC de la Ciudad, mientras que los servicios públicos tienen mayor ponderación en la canasta de este último”. “Así, una variación de los precios de los alimentos incide en mayor medida en el GBA, mientras que un aumento en las tarifas de los servicios públicos tendrá una mayor incidencia en la Ciudad”, dice el documento.

Efectivamente, si se comparan los ponderadores del INDEC con los de la DGEyC, en este último caso los alimentos representan el 17,1% del total de la canasta, mientras que en el Gran Buenos Aires (como ya se indicó) la proporción es del 23,4%. En el rubro de vivienda y servicios públicos la proporción es inversa: tiene más peso en la Ciudad (12,5%) que en el Gran Buenos Aires (10,5%).

Al respecto, Sol Minoldo, socióloga e investigadora del Conicet, indicó a Chequeado que “el IPC de INDEC no coincide ni tiene porqué coincidir con el de la Ciudad porque influyen otras cuestiones muestrales que afectan la ponderación de los productos”.

Pese a que en el mes de noviembre el índice de la Ciudad fue mayor al IPC nacional, en lo que va del año la inflación acumulada relevada por el INDEC (85,3%) fue superior a la informada por la DGEyC porteña.

 

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Comentarios

  • Jorge Canale14 de enero de 2023 a las 7:01 amSería útil saber en qué páginas se publican los índices por rubro sin ponderar por región, de tal manera de que uno pudiera crear un índice particular para la distribución de gastos propia. Hoy con RPA es fácil automatizar lo si los datos son accesibles.

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