Los datos también escasean en Venezuela

Por Eugenio Martínez.

26 de marzo de 2019. 9:45pm. Venezuela se volvió a quedar sin energía eléctrica. La gente dormía, las calles se quedaban solas y la oscuridad arropaba al país. Sin embargo, poder precisar el origen del colapso, la cantidad de hogares afectados o el momento en que pudiese restablecerse el servicio es una tarea compleja.

En este escenario no se trata de cotejar o validar los datos que se ofrecen desde el poder, sino tratar de encontrar la información que el poder intenta ocultar.

Los tres apagones nacionales ocurridos durante el mes de marzo han puesto en evidencia la opacidad con la que se gobierna al país.

En términos sencillos, consultores en temas energéticos sostienen que el colapso eléctrico se puede explicar de la siguiente manera: Venezuela consume diariamente más energía de la que genera y genera menos electricidad que la capacidad instalada que posee entre cuatro plantas hidroeléctricas, 21 plantas termoeléctricas y más de 50 subestaciones.
El problema radica en colocar números a las explicaciones.

En el año 2014 el entonces ministro de Energía, Jesse Chacón (hoy embajador de Venezuela en Austria), indicó que la demanda promedio máxima del país fue de 18.545 MW y la demanda servida de 17.236 MW. Según Chacón, en este año la demanda de energía racionada se ubicó en 1.309 MW.

Este es el último dato oficial que existe sobre la demanda y generación de energía eléctrica. Los apagones llegaron después de cinco años de silencio sobre el consumo y generación eléctrica en el país.

Los datos oficiales también escasean en Venezuela y la precisión de los números sucumbe ante la sutileza de las palabras o el interés político de las explicaciones.

Poder precisar la cantidad de hogares afectados por el apagón requiere de mucho ingenio. Ante la falta de información oficial los medios y periodistas deben recurrir a sus canales digitales para tratar de entender y explicar la magnitud del problema. Ante la falta de información oficial de las zonas o sobre la cantidad de estados afectados es necesario recurrir a los ciudadanos para empezar a construir bases de datos.

No obstante, en medio de un apagón se requieren algunas destrezas adicionales o, al menos, haber tomado muchas previsiones.
Lo principal es tener identificadas las zonas de la ciudad en donde las radiobases de las operadores de telecomunicaciones tienen autonomía para funcionar por varias horas. En la ciudad de Caracas, la búsqueda de “señal” para poder transmitir (bien sea audio, imágenes, texto o video) se limita a estar cerca de las sedes principales de las dos operadoras privadas del país. No es suficiente con tener en la oficina o en el hogar plantas eléctricas; eso no garantiza contar con servicio de Internet.

Durante el primer apagón de marzo (duró en promedio 100 horas) la solución fue más radical: alquilar habitaciones en cadenas internacionales que garantizaran agua, luz y especialmente acceso a Internet. Esta práctica convirtió al lobby de varios hoteles de la capital en gigantescas salas de redacción, en donde coincidían corresponsales extranjeros, medios digitales, periodistas locales, free lance, políticos, analistas y, por supuesto, cuerpos de seguridad del Estado.

¿Cómo verificar información en este contexto? Las redes internacionales son la mejor vía. Mientras el periodista en Venezuela intenta encontrar datos, sus aliados en el exterior cotejan lo que ocurre, verifican que los reportes correspondan con los sucesos actuales, contrastan declaraciones e intentan filtrar las fake news. Al tener momentáneamente señal el periodista en Venezuela puede recibir un dossier con los datos que el apagón le impide procesar.

Periodismo ciudadano para cotejar
En el caso de Venezuela desde hace varios años se han intensificado los esfuerzos para educar en ciberactivismo y periodismo ciudadano. Ante la censura y autocensura que impera en los medios tradicionales, las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información.

Esta práctica no es sólo de los periodistas. La labor de documentación que deben realizar las ONG que velan por el cumplimiento de los Derechos Humanos también requiere la construcción de redes de reportes. Estas redes son las que terminan nutriendo los llamados “informes sombra” que el sistema de la Organización de Nacional Unidas (ONU) emplea para comparar los pocos datos oficiales que aporta el gobierno venezolano.

En el caso del periodismo estas redes de información y contraste de datos con los ciudadanos se fueron profesionalizando a medida que era necesario documentar los abusos que ocurren en época de elecciones en el país.

Los comicios en Venezuela han servido para probar distintas estrategias para chequear información utilizando a los electores como veedores electorales no acreditados (previa formación) para que estén en capacidad de poder denunciar y documentar ilícitos electorales.

Uno de los puntos culminantes de este tipo de estrategia para la recepción, verificación y publicación de denuncias fue la aplicación Guachimán Electoral en donde los ciudadanos realizaban reportes vías SMS para que el equipo del proyecto realizara la verificación de la denuncia.

No obstante, con una falla masiva en el servicio eléctrico la mayoría de las redes ciudadanas, de periodismo ciudadano y de ciberactivismo se desarticulan.

Literalmente el país se apaga y se pierden los nodos de comunicación.

Según los reporte del Observatorio de Internet (Netblocks.org), entre la noche del 24 de marzo y el mediodía del martes 25 de marzo hasta 85 % de la red de datos en Venezuela se encontraba desconectada. Reportes similares generó la organización Venezuela Inteligente (@veinteligente y @vesinfiltro).

Con el colapso del sistema eléctrico y de las telecomunicaciones ir a dormir se convierte en un acto de fe para la mayoría de los ciudadanos. Todo el mundo desconoce lo que sucede, incluso los periodistas.

Por ejemplo: en la noche del lunes 24 de marzo se decretó la suspensión de todas las actividades escolares y laborales. Pocos pueden haberse enterado de esta decisión si se considera que los reportes ciudadanos sugieren que no había energía eléctrica en zonas de 18 estados y la comunicación telefónica y por datos se encontraba significativamente afectada.

Lo único que se puede hacer en este escenario es salir a manejar en medio del apagón nocturno para lograr cargar las baterías de los smartphones y en el camino encontrar la señal de alguna radiobase operativa. Consumir combustible en un país en donde llenar el tanque equivale a menos de $0.50 centavos no es el problema, el inconveniente es reponer el combustible. Sin electricidad la mayoría de estaciones de servicio dejan de operar y solo se puede encontrar gasolina en las pocas estaciones que cuentan con plantas eléctricas.

 

Por otra parte, tener que trabajar sin acceso a wifi y dependiendo solo del plan de datos personal es un problema complejo para cualquier venezolano, no solo para los periodistas. Para entender la angustia que significa depender exclusivamente del smartphone existe un dato revelador. En promedio, el mejor plan 4G (LTE) que existe en el país apenas permite el consumo de 3GB. En la mayoría de los casos los consumos adicionales deben recargarse y hacerlo cuando las plataformas de los bancos no funcionan no es una opción. Los aliados en el extranjero vuelvan a ser claves en esta situación, asumiendo desde fuera del país la recarga de saldo y de los planes de datos.

Faltan muchos datos
Una de las razones que explican la actual crisis política que atraviesa Venezuela se encuentra en el evento electoral celebrado el 20 de mayo de 2018. Paradójicamente (al menos hasta 2015), la información con los resultados electorales es de las pocas bases de datos de acceso público que existe en el país.

Sobran los datos sobre resultados electorales, pero escasea la información de indicadores económicos, educativos, sociales y de salud.

A finales del año 2018 las autoridades venezolanas se vieron obligadas a entregar al Fondo Monetario Internacional (FMI) algunos indicadores económicos.

Esta acción la tomaron para evitar una “declaración de censura” por parte del organismo.

Aunque el FMI no informó los indicadores que recibió, sí advirtió que los datos entregados presentaban inconsistencias. Varias agencias de noticias aseguraran que el gobierno venezolano se limitó a notificar la tasa de inflación, el Producto Interno Bruto (PIB) y de la balanza de pagos (importaciones-exportaciones).

Según las agencias de noticias el gobierno de Venezuela notificó que la inflación anual cerró en 860%, mientras admitió que al cierre de 2017 la economía se contrajo en 15,7%. Los primeros datos oficiales de estos indicadores en tres años.

Desde 2004 se oculta información oficial en Venezuela. La práctica comenzó con los indicadores de la industria manufacturera y se extendió hasta las proyecciones poblacionales del Censo o el boletín epidemiológico que todas las semanas debe emitir el ministerio de la Salud.

Por ejemplo, desde 2013 se desconoce la información oficial sobre el índice de Precios al Mayor, el Núcleo Inflacionario, el Índice de Remuneraciones a los Asalariados, el Índice de Desarrollo Humano, la producción petrolera, los indicadores de comercio, la Encuesta industrial cualitativa, entre otros.

En 2015 dejaron de hacerse públicos la información referida a las importaciones y exportaciones, los ingresos y egresos de divisas del BCV, el resumen general de balanza de pagos, el Índice Nacional de Precios al Consumidor, el Índice de Precios del Área metropolitana de Caracas, el Producto Interno Bruto (PIB), el Coeficiente de Gini (Nacional), la pobreza por línea de ingreso, etc.
Incluso, desde 2016 se desconoce el monto del Presupuesto Nacional y la asignación presupuestaria que recibe cada ministerio.

Estimaciones privadas e informes sombras
Ante la falta de datos oficiales comienzan a proliferar un conjunto de estimaciones privadas que intentan ocupar parte del vacío generado por el silencio del gobierno central.

Estas estimaciones privadas, los informes sombras de las ONG y las bases de datos que se han construido en bases a estas informaciones parciales son la principal fuente para cotejar información, siempre con la salvedad de que es imposible comparar la cobertura de un indicador generado por el Instituto Nacional de Estadística con la data que puede procesar un privado.

Eugenio Martínez es periodista de Efecto Cocuyo en Venezuela, parte de la red LatamChequea.

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