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No es claro que la afirmación sea cierta o no. La conclusión depende de las variables con las que se la analice.

El FMI cambió mucho, poquito, nada…

En los últimos días estalló una nueva polémica sobre las relaciones entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El Gobierno nacional intenta mostrarse ubicado en una posición de fuerza que le permite, una vez cancelada la deuda en diciembre de 2005, prescindir del organismo internacional de crédito. La crítica al FMI genera además rédito político, no sólo en la Argentina.

En el ida y vuelta de las declaraciones, no pocos funcionarios consideraron que los promocionados cambios en el FMI no fueron tales, como en el caso del canciller Héctor Timerman, que días pasados sostuvo: “[Angela] Merkel dijo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) de ahora no es el mismo de antes, pero para nosotros sigue siendo el mismo Fondo, no le vemos mucho cambio”. ¿Cambió o no el FMI? Y si cambió, ¿cuán profundo es el cambio?

La tabla que sigue intenta ordenar los temas principales relevando los cambios o falta de ellos en cada caso:

TEMA

ANTES  de 2009

AHORA

Control sobre flujo de capitales

Totalmente desaconsejado.

Puede ser adecuado en ciertas circunstancias.

Condicionalidades para los acuerdos

Déficit fiscal moderado o nulo.

 

“Reformas” estructurales de la economía.

 

Adecuación del tipo de cambio a la necesidad de lograr ciertos equilibrios macro.

 

 

Liberalización de los sistemas financieros nacionales.

Declarativamente, mayor flexibilidad; en la práctica, poca.

Se mantiene en algunos casos, pero con menos énfasis.

 

Preocupación porque ciertas economías “emergentes” revalúen para equilibrar flujos de comercio -e implícitamente- mejoren la competividad de economías industriales.

 

Olvidado.

Criterios de políticas recomendadas

“Un talle sirve para todos” (“one size fits all”).

Más consideración al caso por caso.

Políticas públicas activas o expansivas

Ni en sueños.

Aceptables. Pueden ser útiles en algunos casos.

Créditos condicionados a programas de austeridad fiscal, pero no en forma universal.

Disponibilidad de recursos del FMI y rol propio

Bastante ajustados a principios de la década.

Incrementos sustanciales en el “poder de fuego” a partir de 2009. Importancia del Fondo como “agente financiero” del G20.

Distribución del poder de voto y asientos en el Board

Todo el poder a Estados Unidos y, en menor grado, a Europa.

Reconocimiento declarativo de la importancia de las economías emergentes, a instancias de EE.UU. Pequeña redistribución del derecho a voto en favor de los páises emergentes (5%), sobre todo, de China y Brasil.

Posibilidad de elección de próximo director ejecutivo no europeo, y discusión acerca de la regla histórica de reparto entre EE.UU. y Europa del FMI y el Banco Mundial.

Dirección del Fondo

Hegemonía de la Ortodoxia.

 

Pragmatismo incipiente.

Burocracia

Ortodoxos: partidarios de “recetas” preestablecidas.

Ortodoxos y algunos dudosos: excepcionalmente incluso, reconsideración de instrumentos de tipo keynesiano.

Contexto internacional

USA + Europa representaban una porción mucho más grande de la economía mundial frente a los países emergentes (70% aprox.).

Auge de reformas “liberales”, “privatizaciones”, políticas activas consideradas perjudiciales y denunciadas.

USA + Europa más equilibrados respecto de los emergentes (60% aprox.).

 

Reconsideración (sin llegar a recomendación) del papel anticíclico de políticas públicas, aunque últimamente en un contexto de ajuste.

Fuente: Elaboración propia

Los enfoques críticos: Mark Weisbrot, director del Center for Economic and Policy Research, lideró el equipo de economistas que en 2009 publicó un artículo  muy crítico acerca del modo de operar del Fondo durante la última crisis financiera mundial. Luego de revisar los acuerdos firmados por el organismo en ese período, los investigadores concluyeron que “en 31 de los 41 países analizados se aplicaron políticas fiscales o monetarias procíclicas; es decir, políticas de las que puede esperarse que exacerben el descenso de la actividad económica en el momento que la crisis estaba ocurriendo”. De todos modos, también podría entonces concluirse que en 10 de los 41 países mencionados no se insistió en las políticas “un talle sirve para todos” (“one size fits all”) usual en el Fondo de las últimas décadas.

El trabajo sostiene que, en la mayoría de los casos, las recomendaciones del Fondo estuvieron basadas en evaluaciones que menospreciaron el impacto de la recesión una vez que esta comenzó y fueron demasiado optimistas sobre la evolución de las economías que estaba supervisando. Este error estuvo originado en la incapacidad de evaluar correctamente el impacto de la crisis. El artículo aclara que, si bien nadie pudo determinar cuándo exactamente estallaría la burbuja inmobiliaria, los reportes que alertaban sobre sus peligros estaban disponibles para el Fondo, que tiene uno de los departamentos de estudios económicos más grandes del mundo.

El investigador del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (UNSam), Pablo Nemiña, publicó recientemente un paper en el que evalúa las reformas aplicadas por el FMI en sus políticas de financiamiento, y las condicionalidades hacia los países que ayudó durante la reciente crisis. El artículo, publicado en la revista mexicana Problemas del Desarrollo concluye: “Aunque ambos aspectos de la reforma muestran matices, la misma fue más efectiva en la política crediticia que en la política de condicionalidad. Esto es, mientras que el Fondo ha logrado reposicionarse en su papel de prestamista en contextos de crisis, la orientación de política económica de sus exigencias muestra más continuidades que cambios luego de la reforma”. Para el autor, “a pesar de existir un consenso entre economías industrializadas y emergentes respecto de la necesidad de que el financiamiento del Fondo alentara la implementación de políticas contracíclicas en estas últimas, no deben soslayarse las resistencias que podría encontrar esa propuesta en el paradigma intelectual que orienta los análisis de los técnicos del organismo”.

Consultado Nemiña por Chequeado.com, opinó que “pese a todo, no se puede decir que el FMI no haya cambiado, aunque para algunos el giro resulte moderado. Sin embargo, continúa el debate sobre cómo profundizar los cambios”.

 

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