Imagen: Arturo Chomyszyn

La caída del Pata Medina puso en evidencia cómo opera la corrupción sindical

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La causa que mantiene preso al ex titular de la UOCRA La Plata, y que otros sindicalistas temen que se repita en otros sectores, develó un sistema sofisticado de corrupción y lavado de dinero, que incluye extorsiones y acuerdos con empresarios, complicidades de funcionarios y una Justicia distraída.

María Eugenia Vidal interrumpió la reunión que comandaba Federico Salvai, su jefe de Gabinete. El invitado en la sede de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires era Gerardo Martínez, máximo referente de sindicato de la Construcción, y la gobernadora tenía un solo objetivo: garantizarse el beneplácito del gremialista para avanzar contra Juan Pablo “Pata” Medina, jefe de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Regional La Plata. Ese día, Vidal obtuvo lo que fue a buscar. Martínez dio el “sí”. Fue en el otoño de 2017. Un mes después, comenzaba la embestida judicial contra el clan más temido por el empresariado platense.

A tres meses de su caída planificada, las piezas del caso Medina siguen acomodándose. En el año en el que la corrupción de la obra pública salió a la luz en la Argentina y llevó a prisión al otrora ministro de Planificación Federal Julio De Vido, el Pata se convirtió en uno de los íconos de la corrupción sindical y de la violencia al servicio de la recaudación ilegítima, estimada en decenas de millones de pesos. Sólo a través de una de sus empresas desde 2011 blanqueó movimientos por más de $92 millones.

A través del relato de empresarios, investigadores judiciales y documentos oficiales y comerciales, Perfil y Chequeado reconstruyeron en los últimos meses cómo operó una organización síndico-empresarial dedicada a la extorsión, que creció a la sombra del gobierno de Daniel Scioli, la aparente connivencia de la Justicia provincial y el silencio de algunas de las empresas más poderosas del país. Un ejemplo de cómo cada engranaje de la maquinaria cumple su rol para que todo lo que los Medina se propusieron marchase sobre ruedas. Nadie parece haber escuchado la frase que el propio Medina escribió sobre un afiche que pegó en la sede de la UOCRA platense: “Yo sólo soy una herramienta de Dios”. Aunque Dios poco tenga que ver. Mirá la investigación completa de Emilia Delfino acá.

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