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Cambio climático: qué son y cómo funcionan los mercados de carbono

Si tenés sólo unos segundos, leé estas lineas
  • La temperatura del planeta ya se incrementó en promedio 1,1 ºC desde la Revolución Industrial por actividades humanas. Evitar que siga subiendo requiere de diferentes acciones, entre ellas los mercados de carbono.
  • Países, empresas e incluso individuos intercambian permisos para emitir dióxido de carbono, también llamados “créditos de carbono”. Si un país, por ejemplo, redujo sus emisiones de sobra, puede vender el permiso a otro.
  • Sin embargo, estos mecanismos también tienen sus problemas de regulaciones y funcionamiento. El Acuerdo de París busca resolver su dinámica, con discusiones pendientes en la próxima Cumbre del Clima COP27. 

La temperatura del planeta ya se incrementó en promedio 1,1 grados centígrados desde la Revolución Industrial por actividades humanas, de acuerdo al Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Evitar que siga subiendo requiere de diferentes acciones; entre ellas, en los últimos años se han convertido en protagonistas los mercados de carbono y las iniciativas de compensación de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, ¿qué son los mercados de carbono? ¿Qué tipos existen y cómo funciona? ¿Pueden ayudar a afrontar el cambio climático? Te lo contamos en esta nota

¿Qué son los mercados de carbono?

Los mercados de carbono son una de las herramientas disponibles para abordar el cambio climático. Son acuerdos en los que los países u otras entidades, como por ejemplo las empresas o incluso individuos, intercambian permisos para emitir dióxido de carbono (CO2), a menudo conocidos como créditos de carbono. 

Si bien existen distintos tipos, su funcionamiento se resume en que los países y empresas pueden reducir sus emisiones de carbono por debajo de ciertos niveles acordados y vender el “permiso” de emisiones sobrante (en forma de créditos de carbono) a otros que siguen contaminando por encima de esos límites. 

“El dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, se transforma en un instrumento transable, lo que luego da lugar a un mercado de carbono”, sostuvo a Chequeado Francisco Calise, gerente de desarrollo de negocios en la start-up Carbón Neutral +. Y agregó: “Se comercializa un intangible; es decir, cada tonelada de dióxido de carbono que fue evitada de ser emitida o capturada”. 

Los mercados de carbono son una forma de trasladar las consecuencias del cambio climático, como olas de calor más frecuentes e intensas, inundaciones y sequías, a los contaminadores, que tendrían que gastar dinero para comprar más créditos para seguir con sus actividades contaminantes. Es un incentivo financiero para reducir las emisiones, según explica la organización Carbon Market Watch.

Por supuesto, en la práctica, -explicó Calise- establecer un mercado de carbono mundial, o incluso nacional, es una tarea difícil. Hay riesgos importantes de que los sistemas contengan lagunas que pueden hacer que esta política tenga de hecho un impacto escaso o nulo en la reducción de las emisiones, algo que se quiere evitar con la efectiva implementación del Acuerdo de París firmado en 2015.

Los tipos de mercado de carbono 

“Existen distintos mercados de carbono que involucran a actores diversos, operan en diferentes escalas y funcionan bajo diferentes reglas”, sostuvo a este medio Catalina Gonda, coordinadora de Política Climática en la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), autora de un reciente glosario de FARN sobre los mercados de carbono y su funcionamiento. 

Se pueden distinguir 2 grandes tipos. Por un lado, los sistemas de comercio de emisiones, o ETS por su sigla en inglés, establecen un límite de emisiones para una región, que luego se traduce en créditos que representan derechos de emisión; es decir, respaldos para la emisión de gases de efecto invernadero. Estos derechos son asignados a los actores cubiertos por el sistema (en general empresas), que luego los comercializan en un mercado.

Por otro lado, existen también los llamados mecanismos de compensación, conocidos como “offsets” en inglés. A diferencia del ETS, lo que aquí se intercambia no son derechos de emisión, sino reducciones de emisiones logradas a través de proyectos de mitigación. Así, un gobierno o empresa puede neutralizar sus emisiones al adquirir créditos de carbono y financiar proyectos que buscan reducir o capturar emisiones de la atmósfera, como parques de energía renovable o reforestación de bosques. 

“Los mercados pueden estar regulados por un gobierno o un organismo multilateral como las Naciones Unidas, donde estos establece un máximo de lo que se puede emitir y hay una serie de reglas comunes a todos los actores, o pueden también ser voluntarios, donde participa el sector privado sin un regulador pero con certificaciones de la compra y venta de bonos de carbono”, explicó a Chequeado Paulina Lescano, especialista en mercados de commodities. 

No existe actualmente un único mercado mundial del carbono. Sin embargo, sí existen 68 programas de fijación de precios del carbono a nivel regional, nacional y subnacional. El mayor mercado nacional de carbono lo puso en marcha China, el mayor emisor del mundo, en 2021, superando al Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea, hasta ese entonces el más importante. 

En la Argentina no existe un mercado regulado a nivel gubernamental pero sí hay proyectos en el mercado voluntario, como por ejemplo, la conservación de bosques en la provincia de Jujuy. 

Los mercados de carbono y el Acuerdo de París

Bajo el Acuerdo de París, el acuerdo global de cambio climático firmado en 2015, todos los países del mundo han adoptado objetivos climáticos, no solo los países ricos, y se han creado dos nuevos mercados de carbono. Estos sustituyen a otros mercados bajo el Protocolo de Kioto, el acuerdo climático anterior a París que sólo tenía obligaciones para los países ricos. 

Los nuevos mercados son descriptos por el artículo 6 del Acuerdo de París, pero los gobiernos todavía continúan discutiendo las reglas de su implementación desde que se firmó el acuerdo. El artículo 6 se divide en dos mecanismos de mercado diferentes: El artículo 6.2 y el artículo 6.4 (este último se denomina a veces Mecanismo de Desarrollo Sostenible).

El artículo 6.2 establece un mercado de carbono que permite a gobiernos vender las reducciones de emisiones adicionales que hayan logrado a otros países a través de acuerdos bilaterales. Al ser bilateral, el mercado no está regulado y los países ponen sus propias reglas y requisitos. El primer acuerdo de este tipo fue firmado entre Perú y Suiza en 2020, al que luego le siguieron otros acuerdos de Suiza con Ghana y Senegal. 

Un sistema diferente se plantea con el artículo 6.4. En este mercado, se espera que los promotores de proyectos reduzcan emisiones mediante acciones específicas en un país y vendan estas reducciones de emisiones a otro país o empresa. Este proceso requiere más “gobernanza”; es decir, más control por parte de un organismo encargado de establecer normas detalladas y criterios y verificarlos. 

Si bien ambos tipos de mercados tienen elementos pendientes por ser solucionados en términos de su funcionamiento, esto es algo que se espera que sea resuelto, al menos en parte, en la próxima cumbre de cambio climático de Naciones Unidas, la COP27 que se realizará del 6 al 18 de noviembre en Egipto.

Los riesgos de los mercados de carbono

Si bien poner un precio a las emisiones de gases de efecto invernadero suele ser visto como algo necesario para reducir su concentración en la atmósfera, según sostuvo Gonda, los mercados de carbono han estado en la práctica llenos de imperfecciones. Por ejemplo, los créditos deben ser escasos para mantener los precios altos. El Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea fracasó inicialmente tras su lanzamiento en 2005 porque había demasiados derechos de emisión en el mercado. 

Otro problema es la fuga de carbono, la cual se produce cuando las empresas trasladan sus operaciones contaminantes a otros países en los que las emisiones de carbono no están estrictamente reguladas, por lo que no tienen que pagar los créditos para cubrir la contaminación que generan.

Gonda agregó que también se cuestiona la capacidad de eliminación de carbono de muchos de los proyectos que participan en los mercados, como la plantación de árboles y la conversión de residuos en energía. La capacidad de estas actividades para absorber emisiones es difícil de medir y depende en gran medida de cómo se gestione cada proyecto. 

Además, existe el riesgo de la llamada doble contabilidad, es decir que las reducciones logradas por un proyecto limpio se cuenten dos veces: por la empresa que compró el crédito de carbono y por el país en el que se llevó adelante, por ejemplo. Para evitar esto existen certificaciones internacionales para registrar las transacciones de compra y venta de bonos de carbono. 

Para Calise, los mercados de carbono son una herramienta más para enfrentar el cambio climático pero por si solos no alcanzan: “Tenemos que dejar de emitir y también absorber todos los gases que podamos. Los mercados están en esa línea”. 

Mientras que para Gonda, como están planteados actualmente, los mercados no están ayudando a enfrentar el cambio climático: “No se están implementado de la manera más rigurosa, transparente y robusta. Todo esto lleva a que tengan varias fallas y falta de integridad ambiental”.

Y agregó: “Para una empresa, es más accesible comprar bonos de carbono para reducir emisiones que hacer cambios reales que reduzcan sus propias emisiones. Así, se retrasan los cambios transformacionales en el sector privado”.

 

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