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Cómo funciona la mente de un negacionista de la ciencia

Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

11 Enero, 2021 09:00 am | Tiempo de lectura: 4 minutos
11 Enero, 2021 09:00 am
| Tiempo de lectura: 4 minutos

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:

  • La desinformación y las teorías conspirativas forman parte del debate cotidiano.
  • Psicólogos explican el comportamiento de las personas que creen en estas hipótesis y ofrecen cinco buenas prácticas para desmontar la desinformación con educación y estrategia.

Las teorías conspirativas y la desinformación son moneda corriente y es posible que queramos rebatirlas si vuelven a aparecer en nuestras reuniones sociales, algo que podemos hacer con las claves que nos da la ciencia.

Antes de saltar como un resorte en algún momento cuando una frase nos parezca demasiado grave como para que se quede sin respuesta, puede ser útil saber cómo piensan aquellos que creen en hipótesis sin ninguna base científica y sienten una especial necesidad de difundirlas.

En un área del conocimiento en el que queda mucho por explorar, algunas investigaciones apuntan a que el cerebro humano tiene una inclinación natural a creer en esas teorías y que las personas reforzamos nuestras ideas previas cuando nos contradicen.

En el caso de que uno quiera entrar a debatir, conviene tener en cuenta que los argumentos racionales son menos eficaces que los emocionales y que la retórica y la educación son importantes, no solamente para preservar la paz, sino también en la consecución del difícil objetivo de convencer al otro.

¿Por qué creemos en teorías conspirativas?

El cerebro humano tiende a crear relaciones causales entre elementos aunque estas no existan, para lo que puede establecer conexiones de hechos aislados.

“Una de las causas por la que las teorías de la conspiración surgen periódicamente es nuestro deseo de imponer una estructura al mundo y nuestra increíble capacidad para reconocer pautas”, explica el investigador Mark Lorch en un artículo publicado en 2017 en The Conversation.

Este catedrático de Química y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Hull, en el Reino Unido, cree que la responsabilidad es de “unos mecanismos neurológicos evolutivos no demasiado avanzados” que nos llevan a ver “relaciones causa efecto inexistentes -teorías de la conspiración- por todas partes”.

Además, sentimos propensión a mantener posturas que son mayoritarias en nuestro grupo social, como demuestran diversos estudios desde los años 50, por lo que existe una probabilidad creciente de que aceptemos una hipótesis como verdadera cuanta más gente a nuestro alrededor crea en ella.

La desinformación mata

Iniciar un debate con alguien que defiende un mito sustentado en falsedades es una decisión personal que depende de muchos factores.

Entre esas circunstancias se encuentra el hecho de que, como insisten instituciones y científicos, la desinformación es peligrosa porque afecta a las decisiones que adoptamos en cuestiones tan sensibles como la salud, algo que se ha puesto de manifiesto durante la pandemia.

“La ciencia es importante”, señalaba el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en un mensaje de vídeo difundido el 29 de septiembre después de que se alcanzara el millón de muertos por Covid-19 en todo el mundo y en el que también sentenciaba: “La desinformación mata”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el estudio “fraudulento” que en 1998 planteó la posible relación entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo “creó un estado de pánico que produjo una disminución de las tasas de inmunización y posteriores brotes de esas enfermedades”.

¿Se puede convencer a un negacionista?

La dificultad de entablar un debate racional con un defensor de las teorías de la conspiración estriba en las pocas posibilidades de éxito que hay de que modifique sus posturas.

Las investigaciones científicas siguen profundizando en el conocimiento de cómo procesa el cerebro la información que recibe y los motivos que llevan a los seres humanos a establecer sus sistemas de creencias.

Un estudio publicado en septiembre de 2019 en la revista Nature Human Behaviour por los psicólogos Philipp Schmid y Cornelia Betsch, de la Universidad de Erfurt (Alemania), cuestiona la influencia del llamado efecto bumerán o “backfire”.

Esa denominación describe un sesgo cognitivo observado en las personas según el cual quien recibe argumentos contrarios a sus opiniones acaba reforzando sus creencias.

Tras la publicación de este trabajo, la ciencia reflexiona sobre la importancia de ese efecto bumerán, dado hasta ahora por seguro.

No obstante, hay una amplia consideración de que esgrimir argumentos racionales basados en datos y hechos contrastados es menos eficaz que utilizar mensajes que apelen a las emociones.

Mandamientos para debatir con un teórico de la conspiración:

1.- Dirigirse con respeto al interlocutor

Dirigirse con educación y respeto al interlocutor con el que se debate no es solo una buena técnica para no generar un rechazo entre los asistentes a la discusión, sino que también puede ayudar en el objetivo de persuadir de que cambie de opinión.

2.- Empezar por un punto de acuerdo

Dentro de la estrategia de evitar el efecto bumerán, varios expertos, entre los que se encuentra Mark Lorch, proponen empezar con un punto de acuerdo y a partir de él intentar moderar los juicios del contrincante.

Basado en este principio, un estudio firmado por un equipo encabezado por Matthew Hornsey, de la Universidad de Queensland, en Australia, plantea la necesidad de alinearse con las creencias previas de los defensores de postulados anticientíficos para conseguir cambios más eficientes que con la confrontación.

Los autores de la investigación han llamado a esa técnica “persuasión jiu-jitsu”, en una identificación con el arte marcial que utiliza la fuerza del adversario en su contra.

3.- Dejar que el oponente caiga en sus propias contradicciones

Otra propuesta planteada por los expertos es pedir explicaciones sobre el proceso lógico que ha llevado a las conclusiones que se rebaten, propiciando que quien las defiende caiga en sus propias contradicciones y deje en evidencia la debilidad de su discurso, lo que acaba conduciendo a posiciones más moderadas.

Esta técnica se basa en la teoría de “la ilusión de entendimiento”, que formulada en un contexto de opinión política por un grupo liderado por Philip Fernbach, de la Universidad de Colorado Boulder (Estados Unidos), sostiene que la gente sabe menos de lo que cree acerca de las causas que sustentan sus juicios más polarizados.

4.- Poner de manifiesto las trampas en el discurso negacionista

Aunque el trabajo de Schmid y Betsch se centra en las estrategias para rebatir a los negacionistas en debates públicos, algunas de sus conclusiones pueden aplicarse en el ámbito familiar.

Así, el estudio subraya que es “eficaz” poner de manifiesto las técnicas retóricas que siempre utilizan los negacionistas -como son, entre otras, recurrir a falsos expertos o la selección interesada de los datos- para convencer a quien escucha del engaño que suponen.

Un mini-manual sobre la psicología de las teorías de la conspiración. En él se analiza el origen del pensamiento conspiranoico y cómo intentar desactivarlo (no es una tarea sencilla, a veces puede ser contraproducente).

El miedo a perder el control sobre sus vidas vuelve a las personas más susceptibles a ideologías conspirativas. La pandemia del coronavirus es un contexto ideal para que esto suceda. La politóloga y activista de internet Katharina Nocun explica qué hacer cuando nos encontramos con adherentes a las teorías conspirativas.

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3 Respuestas

Adolfo Fox 11 de Enero de 2021 a las 1:11 pm

El que niega la ciencia no es aquel que cuestiona, es quien impide discutir los datos, como éste artículo propagandístico.

Rolo 11 de Enero de 2021 a las 1:47 pm

Son los medios egemónicos los que abonan diariamente las teorías conspiranoicas, lo que torna casi imposible rebatirlas.

Posicionamiento SEO 18 de Enero de 2021 a las 6:03 am

El mayor problema es que la desinformación no es aleatoria ni espontánea, en la gran mayoría de los casos persiguen intereses. Personas públicas planteando “nuevas realidades” basadas en “percepciones” o “creencias” propias de la realidad ( dejando de lado los datos y las estadísticas ) son cada vez más aceptados y seguidos, en esa línea los conspirativos, las fake news y el negacionismo selectivo, van a más. Muy buen artículo.

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