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Radiografía de los gabinetes argentinos desde 1983

“¿Qué han hecho ustedes por mí hoy?” Así dicen que empezaba las reuniones de gabinete un presidente latinoamericano hace muchos años. Designar ministros es una forma de distribuir poder político y, al hacerlo, cada presidente debe resolver un dilema: ampliar su sustento político hacia otros partidos o grupos, o recostarse sobre sus colaboradores más cercanos. El primer camino implica resignar control pero, a su vez, permite sumar apoyos para conseguir mayorías más amplias en el Congreso y ganar respaldo al interior de su partido (de sus facciones internas) y entre los partidos aliados que lo ayudaron a ganar la Presidencia.

Una radiografía de quienes llegaron a ser ministro desde 1983 muestra que uno de cada dos ministros fueron abogados y solo uno de cada 10 ministros que tuvo la Argentina fue mujer. ¿Y qué nos dicen estas designaciones de cómo resuelven el dilema los presidentes? ¿Son caballeros de una mesa chica o de una mesa ampliada?

Un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) sobre las 203 designaciones ministeriales desde 1983 muestra que, en la Argentina, los socios electorales no suelen ser recompensados con lugares en el gabinete. Las alianzas electorales que llevaron a los presidentes a las urnas no se tradujeron en una distribución de poder representativa de esos acuerdos en el seno del gabinete de ministros. Los gabinetes de la democracia reciente tuvieron no menos de un 58% de integrantes del partido del presidente. El resto de los ministros reunió a expertos sin trayectoria partidaria previa y a algunos pocos integrantes de partidos políticos distintos del que integra el presidente. Una disminución paulatina en la proporción de ministros del partido del presidente no fue sinónimo de que aumentaran los ministros de otros partidos sino de recurrir a personas sin trayectoria partidaria reconocida (como por ejemplo, Axel Kicillof en el actual gabinete).

La forma en que se construyeron los gabinetes desde 1983 no buscó sumar a los socios electorales. Tampoco permitieron estos gabinetes de un solo partido ampliar el sustento político del presidente. Una forma de medir el peso político de los ministros es analizar si tuvieron cargos electivos previos. La proporción de miembros de los gabinetes que fueron gobernadores, intendentes o legisladores es relativamente baja, aunque creciente: del 30% del total de ministros nombrados en 1983 al 50% en esta administración. El gobierno de Eduardo Duhalde fue el que mayor cantidad de dirigentes con cargos electivos previos tuvo.

También es importante entender cuán representativos fueron los gabinetes en términos geográficos. Un gabinete con representación variada de las diferentes provincias es un gabinete más plural que uno conformado por dirigentes del área metropolitana, donde tiene asiento el Estado nacional. El origen geográfico de los ministros es también una forma de medir cuán cercanos son al presidente: si todos los ministros fueran del distrito de origen del presidente, sería un gabinete de mayor confianza personal de la máxima autoridad ejecutiva. Aquí encontramos que, en algunas Presidencias, una proporción significativa de los ministros pertenece al distrito del presidente y su peso en el gabinete excede significativamente el peso demográfico de estas provincias, lo que enfatiza cuán importante es para los presidentes argentinos la confianza personal. El 74% de los ministros de Fernando De la Rúa fue porteño (el distrito del presidente). De los ministros nombrados por Cristina Fernández de Kirchner, uno de cada cinco pertenece a su distrito de origen. El análisis del origen geográfico de los ministros muestra no solo una baja representatividad geográfica sino también que el gabinete no tiende a albergar a las facciones provinciales del partido que son, típicamente, las que ofrecen respaldo legislativo en la cámara de Diputados y en el Senado.

Los cambios de gabinete refuerzan la lógica de designaciones de “mesa chica”. Si comparamos la composición de los gabinetes antes y después del test de las urnas que enfrentan los presidentes a mitad de su mandato, encontramos que cuando los presidentes pierden apoyos en el Congreso en la elección de medio término, esta pérdida no se traduce en gabinetes más representativos y plurales sino en gabinetes aún más cerrados. Los presidentes argentinos se retraen más en su círculo de confianza cuando pierden votos en las urnas.

*Directora del Programa de Instituciones Políticas del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).

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