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Es falso que la obesidad y el sobrepeso solo se deben a la alimentación

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Esta epidemia no está relacionada únicamente con comportamientos y voluntades individuales sino que influyen factores genéticos y ambientales, el desarrollo social y económico y las políticas en materia de agricultura, educación, medio ambiente, y elaboración, distribución y comercialización de los alimentos.

“Gordo, cerrá la boca”. “Gorda, largá los postres”. Estas frases extremadamente crueles y agresivas se pueden escuchar todos los días, en la calle, en el patio del recreo, en la televisión. A veces más directas, a veces más solapadas, pero siempre presentes. Estas sentencias no solamente estigmatizan a las personas, las aíslan y destruyen sus autoestimas sino que, además, asumen (y postulan a los cuatro vientos) que el sobrepeso y la obesidad están simplemente relacionados con una cuestión de voluntad individual. Es decir, parecería ser que las personas que están en esta situación se lo merecen porque simplemente “comen de más” y no le ponen suficiente empeño a revertirlo.

Sin embargo, la evidencia muestra que la epidemia de obesidad en el mundo no está relacionada únicamente con comportamientos y voluntades individuales sino que influyen factores genéticos, ambientales y también -y cada vez más- el desarrollo social y económico y las políticas en materia de agricultura, educación, medio ambiente, y elaboración, distribución y comercialización de los alimentos.

¿Qué es la obesidad?

El sobrepeso y la obesidad se definen como una “acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”. En adultos, se suele utilizar un indicador simple que se calcula como una relación entre el peso y la altura y se denomina Índice de Masa Corporal (IMC).

En general, puede establecerse que la razón fundamental del exceso de peso es un desequilibrio entre las calorías consumidas y el gasto energético, pero las causas de la obesidad son complejas y específicas para cada persona y dependen de la interacción entre factores genéticos, ambientales y sociales.

¿Cómo estamos hoy (¡eh!)?

La Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, elaborada por el Ministerio de Salud de la Nación en 2013 (y cuya cuarta edición comenzó a realizarse en septiembre de este año), mostró que en la Argentina la prevalencia del sobrepeso es del 37,1% y la prevalencia de la obesidad es del 20,8 por ciento. Esto quiere decir que casi cuatro de cada diez personas mayores de 18 años tienen sobrepeso, y dos de cada diez, obesidad.

En la actualidad, el sobrepeso y la obesidad se encuentran entre los principales factores de riesgo de muerte y de carga de enfermedad a nivel mundial. Se estima que, por año, mueren alrededor de 3,4 millones de personas adultas como consecuencia del exceso de peso. Además, pueden atribuírsele gran parte de la carga de enfermedades no transmisibles, como diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer (ver acá y acá).

Factores genéticos y ambientales

Los factores hereditarios desempeñan un papel muy relevante en la obesidad de los seres humanos. De hecho, la “cantidad” de adiposidad se encuentra entre los rasgos humanos más hereditarios. Diversos estudios sobre familias, personas adoptadas (ver acá y acá), gemelos (ver acá) y parejas de gemelos adoptadas por separado (ver acá y acá) han evidenciado que es probable que los factores hereditarios sean responsables de entre un 45 y un 75% de la variación entre individuos en el IMC, y que este efecto se mantiene desde la primera infancia hasta la edad adulta.

Por otra parte, en modelos animales se ha visto que la obesidad podría inducir cambios irreversibles en los circuitos neuronales relacionados con el gasto energético. Esto implicaría que, si el individuo es obeso durante un determinado lapso de tiempo, lo más probable es que no pueda dejar de serlo (ver acá).

La evidencia muestra, también, que los efectos ambientales sobre el IMC son importantes en la infancia y tienden a desaparecer en la adolescencia, posiblemente porque empieza a existir una mayor independencia de las personas en cuanto a su alimentación y al ejercicio físico que realizan (o no) (ver acá).

¿Culpa o responsabilidad?

Tanto el sobrepeso como la obesidad son mayormente prevenibles. Sin embargo, poder lograrlo no depende solamente de las voluntades individuales. Es necesario contar con un entorno favorable que propicie elecciones saludables.

Por un lado, desde el punto de vista personal, podemos optar por realizar más ejercicio físico, intentar aumentar nuestro consumo de frutas, verduras y cereales integrales, y limitar el de los alimentos procesados con alta cantidad de grasas, azúcar y sal agregados.

Sin embargo, para que esto sea posible, es fundamental que se establezcan políticas públicas -y basadas en evidencia- que garanticen que todas las personas puedan tener acceso a una educación alimentaria, a una alimentación más saludable en términos de disponibilidad y de precios y a espacios que permitan realizar ejercicio físico de manera regular. Además, también es importante, por ejemplo, que se limiten ciertas publicidades.

Este tipo de políticas es particularmente relevante en el caso de las niñas, niños y adolescentes porque, a diferencia de la mayoría de las personas adultas, no pueden elegir el entorno en el que viven ni los alimentos que consumen y pueden no comprender en su totalidad las consecuencias a largo plazo de su comportamiento (ver acá).

En conclusión, en lugar de echar culpas (ajenas y propias) y estigmatizar a las personas con sobrepeso u obesidad, pensemos en las responsabilidades que tienen cada uno de los actores involucrados en esta epidemia. No es solamente aquello que podemos hacer como individuos en cuanto a nuestras elecciones y nuestro estilo de vida (con toda la carga genética que nos haya tocado en suerte) sino, también, qué políticas públicas deben implementarse para que el entorno sea favorable.

 

Esta nota forma parte del proyecto “Chequeado Nutrición” y cuenta con la revisión de la doctora Mónica Katz, médica especialista en nutrición.

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