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El 70% del trabajo de cuidado no pago lo hacen las mujeres

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:
  • La probabilidad de que las madres que conviven con niños y niñas en edad escolar accedan a un trabajo formal es menos de la mitad que la de los padres varones.
  • En tiempos de COVID-19, se incrementó la demanda de cuidados, algo que impacta de manera directa en la organización de las familias y en el tiempo de las mujeres.
  • Cippec realiza un análisis de las políticas públicas que pueden aliviar las desigualdades.

Cocinar, lavar la ropa, limpiar la casa, llevar, buscar y volver a llevar a niños/as a la escuela y acompañar a las personas mayores a la consulta médica son solo algunas de las tareas que llevamos a cabo en la cotidianeidad. Estas actividades conforman un entramado de acciones cruciales para el sostenimiento de las sociedades y de la vida. Dada su naturaleza intrahogar, son las familias quienes realizan este aporte y, en su interior, las mujeres.

Así, en su conjunto, las mujeres realizan un trabajo con frecuencia invisibilizado como tal, pero no por eso menos necesario: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Por ese motivo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora es también el día de los millones de mujeres que cuidan.

En la Argentina, el 70% del total de trabajo de cuidado no remunerado lo realizan mujeres. La crianza de niños y niñas representa una porción significativa de estas actividades, dado que prácticamente todas las mujeres argentinas asumirán responsabilidades de cuidado en algún momento de sus vidas.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social de 2015 (última cifra disponible), al finalizar su vida reproductiva el 91% de las mujeres eran madres. Asimismo, entre los 24 y 45 años, el 61% de las mujeres convivía con niños y niñas de hasta 12 años. 

La crianza es una actividad clave para que los niños, niñas y adolescentes transiten una infancia y adolescencia disfrutable y para que desarrollen las capacidades y la autonomía suficiente que, en el futuro, les permita participar activa y provechosamente de la sociedad.

Es, al igual que otros trabajos, una actividad que involucra una gran cantidad de tiempo, dinero y saberes, pero por el cual, a diferencia de otros trabajos, las personas que lo realizan no obtienen remuneración. Prácticamente todas las madres trabajan en forma no remunerada y más de la mitad, 5 o más horas al día. 

El trabajo de cuidado atraviesa la vida de la gran mayoría de las mujeres, pero sus oportunidades efectivas para reducir y distribuir la carga de trabajo no remunerado entre los integrantes del hogar afectarán de forma diferente sus trayectorias vitales. En efecto, las condiciones en que actualmente las sociedades afrontan la crianza de las nuevas generaciones compromete la autonomía económica -entendida como la capacidad de generar y hacer uso de recursos propios- de gran parte de las madres y mujeres que cuidan. 

Esto sucede en un contexto en donde el acceso al dinero y al trabajo decente es una de las llaves para que las mujeres cuenten con la libertad para tomar decisiones que afectan el curso de sus vidas. La probabilidad de que las madres que conviven con niños y niñas en edad escolar accedan al trabajo decente -definido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como un trabajo que garantiza derechos laborales mediante el acceso a la protección social y la justa remuneración en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana- es menos de la mitad que la de los padres varones, brecha que se amplía al desagregar los datos por nivel educativo.

Además, hay diferencias socioeconómicas entre mujeres: la brecha en el acceso a ingresos propios y al trabajo decente supera los 20 puntos porcentuales entre mujeres que terminaron el secundario y aquellas que no lo hicieron. 

Porcentaje de personas con hijos/as que acceden a un trabajo decente, por sexo y nivel educativo. Total país. 2015.

Fuente: elaboración de Cippec en base a ENES, Ministerio de Ciencia y Tecnología (2015).

La baja corresponsabilidad del Estado y el mercado con la organización social del cuidado deriva en que la mayor parte de este trabajo se realice en forma no remunerada al interior de las familias. En este espacio, la división sexual del trabajo conduce a que el trabajo no remunerado implicado en la crianza recaiga desproporcionadamente en las mujeres. 

Cuando las familias afrontan una carga de trabajo no remunerado menor, logran atenuar las consecuencias del pacto implícito de género que direcciona a las dinámicas familiares de cuidado. Así, las familias conformadas por madres que acceden al trabajo decente tienen menos niños y niñas para cuidar y una mayor proporción accede a espacios de crianza, enseñanza y cuidado y otros servicios de apoyo al cuidado, lo que reduce su dedicación horaria al trabajo no remunerado.

En cambio, las familias cuyas madres no trabajan en forma remunerada o acceden a trabajos remunerados sin condiciones laborales decentes suelen tener más niños o niñas, mientras que utilizan en menor proporción los servicios de apoyo al cuidado. Esto incrementa la carga de trabajo no remunerado total del hogar y las horas que las madres destinan al cuidado.

Relación entre categoría ocupacional, nivel educativo y cuidado de hijos/as. Total país. 2015.

Fuente: elaboración de Cippec en base a ENES, Ministerio de Ciencia y Tecnología (2015).

Así, el panorama reciente revela que, pese a que la inmensa mayoría de las mujeres cuida en algún momento de sus vidas, las condiciones laborales y socioeconómicas en las que lo hacen varían y tienen diferentes implicancias sobre su autonomía económica. 

En promedio, las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad laboral y menor nivel educativo tienen más hijos e hijas, lo que impacta en su carga de trabajo de cuidado y esto restringe aún más sus oportunidades económicas. En cambio, en los estratos socioeconómicos más altos, el trabajo de cuidado no remunerado implica una menor dedicación de las madres, liberando así tiempo para realizar otras actividades. 

En tiempos de la COVID-19, estas brechas se acentúan, dado el incremento de la demanda de cuidados que impacta de manera directa en la organización de las familias y en el tiempo de las mujeres. En este contexto, las políticas públicas tienen un rol crucial para reconocer el cuidado como un trabajo y garantizar la equidad en las condiciones en las que las familias de distintos sectores socioeconómicos, y en especial las mujeres, lo realizan.

 

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Comentarios

  • Nora Belachur8 de marzo de 2021 a las 11:04 pmSerá muy útil que también se haga algún informe sobre la mujer cuidadora de hijos con discapacidad que es aún más invisibilizado y con una dedicación 24/24 los 365 al año y sin ninguna remuneración y obvio sin aportes para su futuro y ni hablar del deterioro por stress crónico..
  • Danilo12 de marzo de 2021 a las 6:25 amVerdadero pero.... El 90 % de las muertes por accidentes laborales son de hombres. El 80% de los trabajos de riesgo(construcción, electricidad, transporte, etc) son realizados por hombres. Los hombres tienen una expectativa de vida 7 años menor que las mujeres,(posiblemente relacionado con este dato anterior) sin embargo se jubilan después. Los hombres realizan trabajos fuera de su casa en un 70% más que las mujeres con la demanda y carga de estés que esto genera. Las mujeres cuando realizan actividades fuera del hogar trabajan menos horas en total que los hombres. Los datos sube la actividad doméstica en forma aislada son tendenciosos y sesgados aparentando una supuesta desventaja laboral en la mujer cuando claramente las peores consecuencias como trabajador recaen sobre los hombres.

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