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Es falso que el dióxido de cloro se utilice para la desinfección de sangre en las transfusiones

21 Agosto, 2020 12:01 pm | Tiempo de lectura: 5 minutos
21 Agosto, 2020 12:01 pm
| Tiempo de lectura: 5 minutos

Si tenés sólo unos segundos, leé estas líneas:

  • Circula en Facebook un posteo que señala que la sustancia conocida como CDS “no presenta toxicidad alguna” porque se utiliza en las bolsas donde se colecta la sangre.
  • Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos de salud recomiendan la utilización de anticoagulantes, pero no de esa sustancia.
  • La desinformación indica además que existe una patente otorgada por los Estados Unidos para el uso del CDS en la sangre. No obstante, esta licencia se encuentra vencida y su otorgamiento no significa una autorización médica: organismos de salud de ese país desautorizan su uso y lo mismo ocurre en la Argentina.

Circula en Facebook un posteo que asegura que el dióxido de cloro se utiliza para “la desinfección de la sangre” y que desde 1994 “es obligatorio en toda bolsa de sangre en el mundo”. La afirmación es falsa.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos de salud, la sangre se almacena en “contenedores plásticos estériles y desechables que contienen soluciones anticoagulantes y preservantes”. Esta solución “usualmente contiene citrato, fosfato, dextrosa y, con frecuencia, adenina (CFDA)”, pero no dióxido de cloro (también llamado CDS).

Los posteos se refieren a un procedimiento para desinfectar componentes de la sangre a partir del dióxido de cloro que fue patentado en los Estados Unidos en 1991. No obstante, la patente se encuentra vencida y su otorgamiento no está exento de la autorización de uso por los organismos pertinentes (ver acá), que no recomiendan la sustancia “para ningún uso”.

El mensaje, que fue compartido en Facebook en más de 800 ocasiones (ver acá, acá y acá), afirma: “El 28 de Mayo de 1991 es otorgada a la compañía Alcide la patente (US 5019402) para la comercialización de un producto que usa el dióxido de cloro (CLO2), para la desinfección de sangre y otros componentes de la sangre. Desde 1994 es obligatoria en toda bolsa de sangre en el mundo” (sic).

El posteo es acompañado por una imagen que sostiene que el dióxido de cloro “no presenta toxicidad alguna por lo que incluso es usado para limpiar y desinfectar sangre de donantes humanos”. Y remite a la web de Dioxiclean, una empresa peruana dedicada a la venta del producto.

En Perú, el Instituto Nacional de Salud desaconsejó “el uso de productos derivados de dióxido de cloro como medicamento, debido a los eventos adversos graves que pueden producir en los que lo consumen”. Además, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) ordenó el retiro de un producto comercializado como “CDS” y advirtió que “resultaría perjudicial para la salud de los seres humanos”.

El dióxido de cloro no se usa para desinfectar la sangre

En el libro “El uso clínico de la sangre”, la OMS señala que “durante la donación, la sangre es colectada en contenedores plásticos estériles y desechables que contienen soluciones anticoagulantes y preservantes”. Esta solución contiene “citrato de sodio, fosfato, dextrosa y adenina”, pero no dióxido de cloro.

En el mismo sentido, el Servicio Nacional Escocés de transfusiones sanguíneas indicó en el “Manual de uso óptimo de la sangre” que “en un proceso estándar de donación se extraen entre 450 y 500 ml de sangre en una bolsa de plástico que contiene 63 ml de una solución conservante anticoagulante, por ejemplo, citrato fosfato dextrosa (CPD) o CPD adenina”.

Este organismo señaló además que para evitar las infecciones transmisibles por transfusión se puede aplicar a la sangre componentes tales como “azul de metileno, amotosaleno o riboflavina”.

Una patente vencida

Los posteos hacen referencia al “Proceso Alcide”, un mecanismo creado para “desinfectar o esterilizar componentes de la sangre añadiendo un compuesto liberador de dióxido de cloro con un ácido orgánico débil y un sacárido activado por calor”.

Este procedimiento fue patentado en los Estados Unidos el 28 de mayo de 1991 por la empresa Alcide Corporation, y describe un proceso de desinfección de la sangre a partir de la aplicación del dióxido de cloro. Sin embargo, esta licencia figura actualmente como “abandonada.

Además, el hecho de patentar una invención o idea no significa tener la autorización para utilizar el procedimiento: antes se requiere el permiso de los organismos pertinentes. Según precisa la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos (USPTO, por sus siglas en inglés), “la patente no otorga el derecho de hacer, usar, ofrecer para la venta o vender o importar la invención, sino que sólo otorga el carácter exclusivo del derecho […] de excluir a otros de la fabricación”.

“El derecho del titular de la patente a hacerlo depende de los derechos de los demás y de las leyes generales que sean aplicables”, señala el organismo, al tiempo que aclara: “El titular de una patente no puede violar las leyes antimonopolio federales […] o las leyes de alimentos y medicamentos, en virtud de tener una patente”.

En los Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), señaló recientemente que “no se ha demostrado que los productos de dióxido de cloro sean seguros y eficaces para ningún uso”.

Por su parte, la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR) de ese mismo país también advirtió sobre los peligros de su uso.

Una polémica recurrente

El dióxido de cloro (CDS) es un derivado del clorito de sodio, una sustancia química que se utiliza como blanqueante en la industria papelera y textil.

Jim Humble, un controvertido divulgador estadounidense, lo presenta y comercializa desde hace varias décadas como una “solución mineral milagrosa” (MMS, según sus siglas en inglés), con la que promete la cura de enfermedades tan diversas como cáncer, HIV, malaria, esclerosis y artrosis, entre otras.

Luis Baraldo, doctor en Ciencias Químicas y vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó a Chequeado que: “El dióxido de cloro es un oxidante enérgico y poco selectivo. Sirve para atacar al virus en una superficie inerte como una mesada o una pileta, pero en nuestro cuerpo es reactivo frente a las moléculas que constituyen el organismo”.

La desinformación en torno a las recomendaciones del uso del CDS cobró nuevo impulso en los últimos meses a raíz del avance de la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 (ver acá y acá).

Semanas atrás, en el programa “Nada Personal” que se emite por Canal 9, la conductora Viviana Canosa tomó líquido de una botella asegurando que se trataba del dióxido de cloro, y sostuvo: “Oxigena la sangre, me viene divino. Yo no recomiendo. Yo les muestro lo que hago”.

Sin embargo, el consumo de la sustancia causó al menos dos casos de intoxicación en Mendoza y se investiga si provocó la muerte de un niño en la provincia de Neuquén y un fallecimiento en Jujuy (ver acá).

El uso, comercialización y distribución del dióxido de cloro está prohibido en la Argentina por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT, ver acá y acá), que consideró que por sus aplicaciones “debe ser considerado un medicamento y no ha sido evaluado ni aprobado” como tal.

El 4 de agosto último el organismo insistió en un comunicado: “La ingesta de dióxido de cloro y el clorito de sodio reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y si se ingieren, pueden causar irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales”.

Organismos internacionales también previnieron sobre el uso del CDS. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomendó no “utilizar productos a base de dióxido de cloro o clorito de sodio por vía oral o parenteral en pacientes con sospecha o diagnóstico de COVID-19, ni en ningún otro caso, porque no hay evidencia sobre su eficacia y la ingesta o inhalación de estos productos podría ocasionar graves efectos adversos”.

 

Este chequeo es parte de la iniciativa Third Party Fact-checker de Facebook en la Argentina. En los casos de fotos y videos trabajamos con imágenes trucadas o sacadas de contexto y siempre analizamos en conjunto las imágenes junto con el texto con el que fueron presentadas.

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